Pese a ser cancerígeno, asbesto sigue permitido en México

POR PATRICIA RAMÍREZ

Aunque en al menos 50 países del mundo se prohíbe el uso de asbesto, en México se sigue permitiendo su comercialización, pese a los graves daños a la salud que provoca y que han sido comprobados científicamente, por ello diputados federales insistirán en la necesidad de hacer reformas legales para evitar su uso doméstico en territorio nacional.

La diputada del PVEM, Rocío Corona Nakamura, solicitó reformar el artículo 282 de la Ley General de Salud, para impedir el uso de este mineral que, por sus cualidades y bajos costos, es utilizado para producir un sin número de objetos, tanto industriales como de uso cotidiano, como: pisos, láminas, tinacos, techos, aditivos para plásticos, envases, autopartes, entre otros. 

Sin embargo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición al asbesto, sobre todo en el trabajo, puede provocar serias enfermedades. En el mundo, alrededor de 125 millones de personas conviven a diario con este grupo de minerales naturales fibrosos, sin embargo, son poco conocidos los riesgos cancerígenos que conlleva su manipulación.

El control al uso del asbesto es una de los temas pendientes en América Latina, donde solo seis países han vetado este material natural, altamente cancerígeno y que también afecta al medioambiente, según varios estudios de la OMS y de convenios internacionales que urgen a evitar su producción.

Chile, Argentina, Uruguay, Perú, República Dominicana y Brasil forman parte de los 75 países, incluidos los de la Unión Europea, que prohíben el asbesto.

Actualmente, el asbesto tiene un alto uso comercial debido a su gran resistencia a la tensión, asimismo posee escasa termo conductividad y relativa inmunidad a diversos químicos, por lo tanto, la exposición a este material de construcción es frecuente debido a los diversos usos que puede tener.

Hace 25 años, la OMS incluyó el asbesto como un elemento cancerígeno, pues incide en el desarrollo de cáncer de pulmón, de laringe, de ovario y otras patologías del aparato respiratorio y recientemente alertó que las enfermedades siguen en aumento incluso en países donde fue vedado.

En México, la Ley General para la Salud y la Ley General para la Prevención Integral de los Residuos prohíbe el uso del asbesto y en 2011 la Ley General de Salud de la Ciudad de México adoptó medidas sobre el uso de ese material para limitar la exposición al mismo.

No obstante, el asbesto se encuentra en muchos lugares, existe una producción nacional y también se importa desde Canadá.  

En 2013 la Cámara de Diputados le pidió al presidente Enrique Peña Nieto prohibir la importación y uso del asbesto, pero sigue utilizándose en diversas actividades económicas y miles de trabajadores y personas se hallan expuestas a tan nocivo material.

Ante este panorama, el PVEM insistió en que se debe prohibir el uso, almacenamiento y comercialización de asbesto y sus variantes, así como de sus productos o derivados, ya que es un material que ha sido identificado mundialmente como cancerígeno y contaminante.

Corona Nakamura mencionó que por su bajo costo y resistencia el asbesto, también llamado amianto, es uno  de los materiales más empleados en la construcción de viviendas en México ya que, de acuerdo con datos del último Censo de Población y Vivienda, de los 35 millones de casas particulares que hay en nuestro país, al menos el 17 por ciento tienen techo de lámina de asbesto. 

“Este solo ejemplo da cuenta de la magnitud del problema, del enorme tamaño de esa fuente cancerígena para quienes habitan esos hogares y para la población, ya que el asbesto genera residuos que se convierten en un mortal contaminante para el medio ambiente” puntualizó.

Por mucho tiempo se ha cedido al argumento de las industrias, de que no hay material para sustituirlo, lo cual es falso pues existen materiales resistentes y, además, sustentables como algunas fibras sintéticas e incluso fibras vegetales. 

“El asbesto ha sido un tema muy polémico pero, desafortunadamente, los intereses económicos de particulares se han impuesto al interés supremo de la salud pública. El hecho de que se privilegie la ganancia y el lucro económico de particulares por encima de la vida de los seres humanos, es algo que ya no podemos permitir”, concluyó.