El encarecimiento del petróleo elevó la mezcla mexicana a 115 dólares por barril y presionó variables clave como el tipo de cambio, que superó los 18 pesos por dólar, situación ante la cual el gobierno federal descartó riesgos estructurales y atribuyó el impacto a factores internacionales.
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Durante la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que el comportamiento del peso responde a la volatilidad global, no a decisiones internas, afectando incluso a economías como Japón.
La mandataria sostuvo que el país mantiene estabilidad macroeconómica, con reservas internacionales en niveles históricos y recursos disponibles, por lo que descartó escenarios de alarma.
El impacto inmediato se concentró en el precio de los combustibles, especialmente en el diésel, insumo clave para el transporte, lo que obligó al gobierno a negociar con distribuidores para contener aumentos.
Sheinbaum vinculó el encarecimiento a la situación geopolítica en Medio Oriente y reiteró que la prioridad es una solución pacífica, al advertir efectos en el suministro global de hidrocarburos.
El gobierno defendió la refinería Dos Bocas como elemento de seguridad energética, al reducir la dependencia de importaciones en un contexto de interrupciones internacionales.
La presidenta indicó que el sistema de refinación nacional fortalece el abasto interno, especialmente ante riesgos en rutas clave como el estrecho de Ormuz.




