Mientras miles lo despedían en Avellaneda, políticos multiplicaban los tributos al líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Foto: @indiosolarioficial
Mientras miles lo despedían en Avellaneda, políticos multiplicaban los tributos al líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Por: Roberto Cortez
El fallecimiento del músico argentino Carlos Alberto "El Indio" Solari volvió a mostrar una dimensión que pocas figuras culturales conservan en América Latina.
Miles de personas formaron una fila de más de 50 cuadras en Buenos Aires para ingresar al velorio público del músico y despedir al hombre que durante décadas fue el corazón simbólico de la llamada misa ricotera.
En Ovaciones te decimos todos los detalles de la despedida de Carlos Alberto "El Indio" Solari.
La escena recordó las grandes convocatorias que marcaron la trayectoria del vocalista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Sin escenario, sin luces y sin música en vivo, el ritual fue el mismo: una multitud avanzando lentamente para estar cerca de quien construyó una de las identidades más influyentes del rock argentino.
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota pasó de los circuitos marginales de finales de los años setenta a convocatorias multitudinarias que marcaron a varias generaciones de seguidores en Argentina y otros países de la región.
Los Redondos construyeron una carrera al margen de los modelos tradicionales de la industria musical. Sin depender de grandes campañas promocionales, desarrollaron una base de seguidores que transformó cada presentación en un acontecimiento masivo.
Su discografía dejó títulos fundamentales para el rock en español, entre ellos Gulp! (1985), Oktubre (1986), Un baión para el ojo idiota (1988), ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado (1989), Lobo suelto, cordero atado (1993) y Luzbelito (1996).
Las letras de Solari, cargadas de referencias sociales, políticas y culturales, alimentaron durante décadas interpretaciones diversas y consolidaron una obra que excedió el ámbito musical para instalarse en el imaginario colectivo argentino.
La magnitud de la convocatoria confirmó algo que la historia del rock argentino venía sugiriendo desde hace años: el Indio trascendió la categoría de músico para convertirse en un símbolo cultural y social. Su figura sobrevivió incluso a su retiro de los escenarios, provocado por el Parkinson que enfrentó durante la última década.
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La despedida pública quedó fijada en Parque Domínico, Avellaneda, donde las autoridades pusieron en marcha un operativo con unos mil 500 efectivos de seguridad ante la expectativa de una asistencia masiva. La familia postergó el homenaje un día para facilitar la llegada de seguidores provenientes de distintos puntos del país.
Entre los sitios que se mencionaron estuvieron la cancha de Racing en Avellaneda y el Congreso de la Nación, pero el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, descartó el Palacio Legislativo por falta de infraestructura y condiciones de seguridad.
La Casa Rosada tampoco abrió sus puertas, decisión que generó malestar entre los fanáticos concentrados en Plaza de Mayo.
Políticos de distintos espacios ideológicos también se sumaron a las despedidas. Cristina Fernández de Kirchner recurrió a una frase emblemática de las canciones del artista. Alberto Fernández lo definió como un creador fiel a sus principios. Aníbal Fernández recordó encuentros personales con el músico.
El presidente argentino Javier Milei evitó emitir un mensaje público tras el fallecimiento del exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Décadas después de haber construido su leyenda desde los márgenes de la industria musical, el Indio volvió a llenar las calles. Esta vez no para un recital. Esta vez para su última misa.