Tras la controversia por el aterrizaje de un avión Hércules estadounidense en Toluca, la presidenta Claudia Sheinbaum decidió modificar la logística de las capacitaciones bilaterales en seguridad, al ordenar que personal mexicano viaje en aeronaves nacionales, pese a que el mecanismo operaba desde hace años sin mayor problema.
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La presidenta reconoció que la decisión de permitir el arribo del Hércules fue tomada por el Consejo Nacional de Seguridad y que el vuelo tuvo como finalidad transportar a personal mexicano que se dirigiría a Estados Unidos para capacitarse, sin ingreso de tropas extranjeras ni armamento.
Sin embargo, el hecho expuso una zona gris en la percepción pública sobre la cooperación en seguridad, al tratarse de una aeronave militar extranjera que aterrizó en un aeropuerto civil, lo que detonó cuestionamientos sobre soberanía y control institucional.
Sheinbaum subrayó que, si bien la decisión tomada por el Consejo se ajustó al marco legal vigente y no implicó la entrada de tropas extranjeras ni de instructores armados al país, el episodio evidenció la necesidad de modificar los mecanismos logísticos para reducir la exposición pública y las interpretaciones erróneas en torno a la cooperación en seguridad.
Ante ese escenario, la mandataria optó por modificar la logística y ordenar que, en adelante, sea México quien traslade a su personal en aviones nacionales cuando se trate de capacitaciones en el extranjero, cerrando así la puerta a vuelos militares estadounidenses con ese propósito.
Aunque el Ejecutivo sostuvo que no se violó ninguna ley y que no era necesario que el Senado autorizara el vuelo, la medida evidenció la sensibilidad política que rodea cualquier gesto vinculado a la cooperación con Estados Unidos en seguridad.
La presidenta enfatizó que las capacitaciones bilaterales no constituyeron un hecho nuevo ni excepcional, ya que forman parte de acuerdos vigentes desde hace años, mediante los cuales elementos del Ejército, la Marina o dependencias de seguridad mexicanas se entrenan en Estados Unidos, al tiempo que personal estadounidense acude a México bajo condiciones previamente establecidas.
Sheinbaum precisó que la aeronave no transportaba armamento y que su presencia se ajustó a las reglas de cooperación bilateral, aunque reconoció que, en ocasiones anteriores, vuelos similares habían aterrizado en instalaciones militares y no en aeropuertos civiles, como ocurrió en Toluca por razones operativas definidas por el Consejo.
Señaló que el nuevo criterio no implica el cierre absoluto a la entrada de aeronaves militares extranjeras, ya que podrían autorizarse en situaciones excepcionales de logística, como carga de combustible o contingencias técnicas, pero dejó claro que, en materia de capacitación, la política priorizará el uso de medios mexicanos para reforzar el mensaje de soberanía y control institucional.
El ajuste busca contener el costo político del episodio y reforzar un mensaje de control soberano, aun cuando la cooperación bilateral continuará bajo los mismos acuerdos y con la supervisión del Consejo Nacional de Seguridad.




