T-MEC: jugar tocado contra el favorito

México llega débil y vulnerable a la renegociación del T-MEC, mientras Estados Unidos mantiene solidez y ventaja estratégica.



Imagina que la Selección Mexicana llega a instancias finales del Mundial y le toca jugar contra uno de los equipos favoritos. Pero México llega con medio equipo tocado.

Algo así es lo que sucede con la revisión del T-MEC.

El 18 de marzo iniciaron las conversaciones rumbo a la renegociación del tratado comercial, el cual representa cerca del 30% de la economía mundial. El proceso formal arranca el 1 de julio, pero ya se empiezan a mover las piezas. Para México, el objetivo es lograr la permanencia en el tratado y retirar los aranceles.

En las negociaciones, el contexto es una variable fundamental, y la economía mexicana muestra señales de debilidad. El consumo privado, que había sido un motor de crecimiento, comienza a desacelerarse en un entorno de inflación. La inversión privada se mantiene débil, afectada por la incertidumbre jurídica y económica, y con el riesgo adicional de mayores tasas de interés por las presiones inflacionarias. El 70% de la inversión extranjera directa (IED) corresponde a reinversión, no a nuevos capitales. La inversión pública se mantiene en niveles bajos, con una orientación más hacia el gasto social que hacia proyectos productivos.

A esto se suma la alta dependencia del sector externo. Las exportaciones representan cerca del 40% del PIB y el 80% van dirigidas a Estados Unidos. Además, un tipo de cambio apreciado resta competitividad. En síntesis, México llega con crecimiento débil, motores internos frágiles y una alta dependencia de su principal socio.

Por otro lado, Estados Unidos presenta una fotografía distinta. Su economía mantiene un consumo interno sólido, una inversión privada dinámica y una política pública activa en sectores estratégicos. Además, uno de los objetivos centrales de su política económica es reducir su déficit comercial, lo que anticipa una postura firme en la negociación.

Imagine que en unos meses México llega a un partido de eliminación directa de la Copa del Mundo contra uno de los candidatos al título: Argentina, Portugal, Francia, España. De esos partidos que son matar o morir. Para ganarle a esos equipos en esas instancias hay que tener algo más que un buen día.

El juego es en Estados Unidos, con un clima frío, al cual no está acostumbrado el mexicano, pero sí el que juega en Europa. Además, México llega tocado: con jugadores suspendidos por tarjetas amarillas, lesionados y algunos con desgaste muscular, por lo que están para jugar máximo 60 minutos. México calificó sin convencer, jugando mal, con un funcionamiento colectivo que deja dudas.

En cambio, el rival llega con plantel completo, buen ritmo de juego y un sistema consolidado. No sólo tiene mejores condiciones físicas, sino también mayor profundidad de banca y claridad táctica. Evidentemente, llegan en condiciones muy diferentes al juego.

En el futbol, como en la economía, el contexto lo es todo. México ha tenido victorias ante selecciones como Francia o Alemania en Copas del Mundo, pero en escenarios muy específicos: equipos en crisis interna, en transición generacional o con problemas de vestidor. No es lo mismo enfrentar a esos rivales en su peor momento que cuando llegan como contendientes sólidos al título. El rival puede ser el mismo, pero las condiciones cambian el resultado.

En conclusión, el inicio de las negociaciones del T-MEC encuentra a dos economías en momentos muy distintos. México llega con urgencia y fragilidad; Estados Unidos, con solidez y margen de maniobra. En la mesa de negociación, como en la cancha, no basta con la estrategia: el contexto define el partido. Y cuando se juega contra el favorito, con las condiciones adversas y con el equipo incompleto, el margen de error simplemente no existe.