T-MEC o acuerdo bilateral

México, Estados Unidos y Canadá avanzan en la revisión del T-MEC, priorizando seguridad económica, minerales críticos y atracción de inversiones.



Contexto

A menos de cinco meses del final de la revisión conjunta del T-MEC, los países van avanzando aceleradamente en la prerrevisión, que deberá quedar formalmente lista para el 1 de julio de 2026. De seguir por este camino, todo tendrá el final esperado, en tanto se cumplan las condiciones de Estados Unidos sobre seguridad económica y competitividad regional, en el entorno exclusivo del marco económico, además del blindaje geopolítico y las condiciones de seguridad y migratorias.

Recientemente, en lo referente a México se abrió otro frente, que es el más importante para nuestro vecino del norte en razón de sus objetivos tecnológicos, y son los minerales críticos, aunque existen las afirmaciones de nuestro gobierno de que se mantendrá la soberanía y no están sobre la mesa los cambios constitucionales que se requieren para ello. Por otro lado, Canadá ha manifestado en diversas ocasiones la importancia de la revisión, pese a las fricciones con Estados Unidos, que limitan su campo de movimiento por su reciente acercamiento con China.

Avances en cada flanco

Estados Unidos busca el fortalecimiento de su posición a partir de la región, por lo que impulsa el cierre de espacios a todos los productos y servicios chinos, como recientemente lo hizo en otros países del continente como Argentina y Guatemala; para este fin, aprovecha elementos del T-MEC, como el contenido regional. Además, tiene el control sobre otros sectores estratégicos para México y Canadá, como son el automotriz, la producción de semiconductores (minerales críticos), seguridad cibernética y transición energética.

Entre socios y con los aliados, el presidente Donald Trump aplica los incentivos conocidos: a) presión arancelaria y amenazas creíbles; b) el endurecimiento de reglas de origen y trazabilidad; y, c) coordinación para minerales críticos con países específicos, incluyendo a México, la Unión Europea y Japón.

Para el gobierno mexicano el objetivo es claro, tener a la brevedad la certeza necesaria para poder seguir en la búsqueda de la atracción de inversiones o nearshoring, sin ceder en la soberanía ni en la carrera contra otros países latinoamericanos, que también buscan estas inversiones. Para ello se refuerza la posición de país manufacturero, transformado en un activo de seguridad económica para el país del norte, aceptando muy probablemente los temas previamente mencionados, el contenido regional, la proveeduría directa en mejores condiciones de calidad y costo, además de algunas concesiones como primer paso en materia de energía e infraestructura. Lo que podemos considerar como un fuerte riesgo para la negociación es el hecho de que la revisión se transforme en un rediseño unilateral de concesiones exclusivas para Estados Unidos, que derive en la permisibilidad arancelaria o cambios abruptos que desestabilicen las posiciones económicas seguras de nuestro país.

Canadá, por otro lado, busca proteger su acceso al mercado y su ventaja en energía y minerales, mientras conserva sus posiciones ganadas con China, a pesar de la molestia que esto ha causado en Washington por tratarse de un riesgo sistémico para el bloque.

Cabe señalar que China, además de ganar posiciones globales, mantiene su prevalencia en ciertos sectores de México y ahora de Canadá, elevando el costo de las negociaciones con Estados Unidos para ambos países.

En conclusión

El escenario hoy es la continuidad condicionada mediante los ajustes para reforzar la seguridad económica y cibernética frente a China, para lo que se establecerá la trazabilidad precisa en la cadena global de suministros, así como la disciplina sectorial, a cambio del acceso preferencial y la atracción de inversiones.

El riesgo principal de las medidas unilaterales en el T-MEC es la volatilidad de los costos, que podrían reducir la inversión de largo plazo, siendo que los insumos provenientes de China son conocidos por su bajo costo.
La propuesta que se aproxima posiblemente integra a los minerales críticos, la apertura energética y la manufactura avanzada, con reglas ad hoc para conseguir la productividad regional, conforme a la visión norteamericana, permaneciendo el acuerdo trilateral.