En el mundo del toro, hay historias que trascienden el ruedo, que hablan de humanidad, de vocaciones tempranas, de pasiones heredadas y, sobre todo, de sueños que se sostienen contra toda adversidad. La historia de Johnatan, alumno de la Telesecundaria “Ponciano Arriaga”, pertenece a esa categoría. Es vecino del municipio de Cedral (San Luis Potosí) y ha descubierto en la tauromaquia algo más que un espectáculo: ha encontrado un lenguaje para entender la vida.
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En los trazos de sus dibujos no hay simple imaginación; hay observación, respeto y una sensibilidad que rara vez aparece a tan corta edad. Su afición nació frente a una transmisión televisiva y creció al calor de las conversaciones familiares, de los relatos de feria y de la fascinación por la figura del torero que se queda quieto ante el peligro. Pero el destino quiso que su admiración no quedara únicamente en la distancia de la pantalla.
Manuel Azcona, director de Cantauro y empresario de la histórica plaza de toros “Frascuelo”, decidió ir más allá: el dibujo de Johnatan será la imagen oficial del festejo del próximo 14 de agosto, donde actuarán Antonio Ferrera, Leo Valadez y Arroyo Gilio, frente a toros de la ganadería La Estancia. Así, la feria no sólo tendrá figuras en el ruedo: también tendrá corazón en el papel.
Quienes han visto el dibujo coinciden en algo inmediato: no parece hecho desde la fantasía infantil sino desde la observación. El toro no es caricatura; es presencia. Tiene cuello poderoso, pitones abiertos y una quietud que anticipa embestida. Mientras otros niños dibujan héroes de ficción, él eligió dibujar un toro bravo.
La fiesta comienza con él. El dibujo de Johnatan recupera un principio fundamental del toreo: antes del torero está el animal. El respeto al toro bravo define la liturgia entera —la crianza en el campo, la selección genética, el cuidado del ganadero y la preparación del lidiador—. Sin toro íntegro no hay emoción, y sin emoción no hay tauromaquia. Por eso el cartel resulta simbólicamente perfecto: no anuncia nombres, anuncia esencia.
La decisión de utilizar el dibujo tiene un significado profundo para la comunidad. No es únicamente un detalle tierno; es una declaración cultural: la fiesta sigue viva porque alguien la descubre por primera vez.
En tiempos donde muchas tradiciones luchan por ser comprendidas, el gesto recuerda que la afición no se impone, se contagia. Y cuando nace en alguien tan joven, se vuelve esperanza. El próximo 14 de agosto, quienes entren a la plaza no verán sólo un cartel en los muros. Verán la mirada de un pequeño aficionado que imaginó un toro… y terminó anunciando una corrida. Y pocas veces un cartel ha explicado tan bien la fiesta: el toro al frente… y junto a él, los sueños.


Foto: Cortesía 


