La semana pasada escribí sobre la profundidad de la delincuencia organizada en México; hoy, producto de la neutralización de Nemesio Oceguera, mesías del Cártel Jalisco Nueva Generación, emerge un poco de información de lo mucho que se desconoce del impacto económico, político, social y hasta cultural de este grupo, el más importante dentro del mapa criminal organizado en el país.
En un movimiento astuto y de descuido de la autoridad ministerial, un par de reporteros del periódico El Universal escudriñaron en la casa de Tapalpa, el último escondite del Mencho, más allá del consumo cotidiano de alimentos y rutinas, unas listas de nóminas, así como sus ingresos y egresos.
Los documentos obtenidos por los profesionales de la comunicación señalaban ingresos por 8 millones de pesos mensuales, me imagino en ese municipio, Tapalpa, Jalisco. Sus egresos, desglosados en diferentes papeles, notas y listas eran de aproximadamente un millón.
Recordemos que ese grupo criminal opera desde el año 2009, y que desde entonces diversificó sus negocios; de hecho, hizo a un costado el narcotráfico para privilegiar la extorsión mediante el famoso “derecho de piso”, muchas veces no por producto sino por actividad, como es el caso de los limoneros y aguacateros michoacanos que pagan por kilo, pero también por actividad y hasta por predial.
En este contexto, me di a la tarea de investigar cuántos negocios existen en el municipio de Tapalpa. La información arrojó que son cerca de 500, desde comercios establecidos hasta hoteles, restaurantes y actividades profesionales, donde todos pagan.
Un simple ejercicio aritmético nos arrojó, con la poca información obtenida, que la utilidad de este criminal ascendía a 7 millones de pesos mensuales, ingreso libre y líquido para invertirlo en lo que su imaginario le diera.
Con 7 millones de pesos mensuales en esa sola plaza y durante más de una década, ¿qué historias se pudieron tejer?, ¿cuántos políticos, empresarios, funcionarios y ciudadanos crearon sus fortunas al amparo de estos ingresos?
Todo esto sólo en Tapalpa, ahora imaginemos en Jalisco y 19 entidades adicionales, sumado a varios estados de la Unión Americana y algunos países europeos.
Por ello, la presión estadounidense para su búsqueda, localización, identificación y, en su caso, aseguramiento o neutralización -esto último seguro estoy que no estaba en el plan operativo norteamericano-.
Si se tuviera alguna duda de lo aquí escrito, las pruebas saltaron a la vista con la reacción criminal al exitoso operativo realizado por nuestras Fuerzas Armadas. El saldo se acaba de publicar: 25 miembros de las fuerzas del orden fallecidos, al menos un civil y seis operadores de transporte muertos; 30 presuntos integrantes del cártel abatidos; más de 200 bloqueos carreteros en 20 estados; 631 vehículos robados, la mayoría de ellos quemados, y mil comercios afectados. Todo ello con un saldo de 2 mil millones de pesos en pérdidas económicas.
Todo provocado por la gente de Oceguera, que tenía bajo su mando un nada despreciable estado de fuerza de poco más de 18 mil elementos.
Con la exposición de una pequeña parte del iceberg criminal organizado en México y sus consecuencias contabilizadas hasta ahora, sería ocioso y hasta tímido e inocente pensar que las clases empresarial y política se encuentran al margen de toda esta evolución criminal.
¿Qué sigue? Ya abatido este líder, el gobierno federal debe dar ese segundo paso, limpiar esa casta política que tanto daño ha causado a nuestro país y que sin duda formó parte de la construcción de este líder criminal, de otros tantos conocidos y algunos más que seguramente emergerán bajo el manto protector de los tres niveles de gobierno.




