Cuchillito de palo | De tú a tú

Como si fuera pleito de pandilleros, de “aborrescentes” -así les dice una amiga a los adolescentes- que se medio matan por fijar sus espacios callejeros, AMLO se pone al tú por tú con un enorme segmento social. A la marcha del día 13, responde con la organización de lo que será una mega movilización el día 27, la que, según sus destellos neuronales, dejará en ridículo a los miles de mexicanos que marcharon en contra de la Reforma del INE.

No cabe duda que lo molestó hasta lo indecible, el que los “conservadores, corruptos, aspiracionistas y demás”, consiguieran llenar no sólo la Avenida Reforma, sino las principales vías de más de 60 enclaves de la República y se replicara en tres países extranjeros. Peor aún el que se tratara de un conglomerado pacífico, sin un acto de vandalismo, ni indicio alguno de violencia. Las únicas muestras de agresividad las dieron una señora semi demente -que hay quien dice que milita en morena-, que se dedicó a insultarlo y las excentricidades aberrantes de una diputada trans -por supuesto también guinda-, María Clemente, que ha hecho gala de vulgaridad y ordinariez en el Congreso y que muchos se preguntan cómo es posible que ocupe un escaño.

La semana completa le ha dedicado su verborrea más ácida al asunto, como si no existieran temas de importancia nacional. Posiblemente, el entretener a sus fieles seguidores con esta demagogia, es parte de la necesidad de ocultar esa problemática que crece y que no hay forma de que resuelva, tarea para la que se le eligió. Seguimos sin medicinas, con unos servicios de salud desastrosos, la inseguridad azotando a quienes se sienten impotentes frente a tanta barbarie, la economía produciendo un número mayor de pobres y las carteras cada vez más vacías.

Asusta el que solo se ocupe de próximas elecciones. No tiene otro tema, aparte del de su ego inflado, narcisista a extremos de proponer el despilfarro que supondrá el acarreo de miles de personas, así sean muchos los seguidores que vayan por su voluntad.

Lo más serio es su empecinamiento en dividir a los mexicanos y provocar un enfrentamiento entre lo que se está convirtiendo en la batalla de los dos bandos. Circula en las redes un video de un hombre de Monterrey, que dice que lo grabó para que lo escuche.

Esta persona se refiere a los pasajes más oscuros de la historia del tlatoani, con un encono y una animadversión que asustan. Le reclama el que cotidianamente insulte a un sector de la población y le exige que modifique esa conducta. Sin el mínimo respeto, le habla, a la par que lo hace el tabasqueño, de tú a tú, como si la investidura fuera algo inexistente.

A eso ha llevado el que AMLO viva enfundado en un papel de activista social y no en el de presidente. Parece no entender que había que cuidar a la institución, dándole el lugar que le corresponde.

No somos iguales, en cuanto a lo que representa el estar al frente de un país, gobernar por igual para todos y sin hacer distingos entre quienes estén de acuerdo con las políticas que se implementen y quienes no. El constante desafío que supone el agredir a intelectuales, periodistas, funcionarios de otras administraciones y otros poderes, empieza a pasar factura, la que se observa en la forma como le hablan tantos compatriotas, que han dejado de reconocer lo que es la investidura.

De seguir por este camino de violencia, podríamos acabar en una guerra fratricida: ¿Será que hacia allá vamos?

 

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