Después de 30 años de extinción local, vuelve el lobo mexicano a la Sierra Madre

PATRICIA RAMÍREZ

Foto: @UAM

El lobo mexicano está en grave peligro de extinción, pero gracias al trabajo de expertos y científicos, después de 30 años de extinción local, algunas manadas de esa especie han vuelto a depredar venados cola blanca, conejos, guajolotes silvestres y otros mamíferos medianos y pequeños, y sus aullidos pueden escucharse en la sierra madre occidental, en los estados de Chihuahua y Sonora.

El doctor Miguel Ángel Armella Villalpando, investigador   del Departamento de Biología en la unidad Iztapalapa de   la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) explicó que gracias a un programa de recuperación del lobo mexicano que lleva a cabo la secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) junto con universidades y   grupos de la sociedad civil y de conservacionistas de Estados Unidos se ha logrado introducir su hábitat natural.

Sin embargo, dijo al dictar la conferencia Lobo mexicano: un largo y difícil camino de regreso, aún falta mucho por hacer para lograr un buen número de ejemplares viviendo en la naturaleza, sin intervención del ser humano. Por   ello es necesario regresar a este mamífero a su hábitat natural, pues contribuye al equilibrio del medio ambiente y la recuperación de la flora y fauna, además de que no es una amenaza directa para el ser humano; pues por lo general lo esquivan porque le tienen miedo y a él a su vez no le gusta el contacto con ellos.

Respecto de la alimentación del lobo gris, Canis lupus baileyi, la estudiante de biología Miriam Aviña se refirió a su alimentación por su dentadura, que consta de 42 dientes de los que destacan sus cuatro colmillos conocidos como caninos y que sirven para aferrar a sus presas. Esta especie está en la cima de la pirámide alimenticia y controla a las poblaciones de animales que son su alimento. En su hábitat, el lobo mexicano es capaz de satisfacer sus necesidades nutricionales y consumen alrededor de 2.8 kilos de carne al día, siendo sus principales presas el venado cola blanca, conejos, guajolotes silvestres y otros mamíferos medianos y pequeños.

La estudiante señaló que los zoológicos no son lugares malos de encierro, sino de investigación, ya que generan conocimiento para la conservación de los ejemplares en su vida silvestre y fomentan conciencia para cuidar los ambientes naturales. Tener lobos bajo el cuidado humano coadyuva a su conservación y reproducción en su medio natural. Una buena alimentación, ya sea en confinamiento o en libertad, contribuye a que se mantenga en buenas condiciones para su reproducción.

En la naturaleza, las manadas están formadas por miembros emparentados entre sí, con crías de hasta dos años; el tamaño de estos grupos es variable, dependiendo del número de camadas, de la dispersión de aquellas de mayoredad, de la disponibilidad de las presas y de la mortalidad.

Anteriormente, la jerarquía de la manada clasificaba como alfa a los dominantes, a los subdominantes como beta y a los subordinados como gama y omega; hoy en día existe otra clasificación en la cual la pareja reproductora se denomina como pareja dominante, seguido por los subdominantes y los subordinados; después seguirían los de bajo rango y por último los cachorros.

En la naturaleza, rara vez se dan conflictos entre los miembros de una misma manada, pero sí ocurre con otras, ya sea por territorio o por alimentación.

Los especialistas señalaron que es preciso rehabilitar los bosques donde habita el lobo gris y educar a la población sobre la importancia de esta especie en escuelas, zoológicos y a través de campañas publicitarias en medios de comunicación y redes sociales y acabar con la cacería ilegal de animales, sancionando a quienes la practican. En  México existen muchas variedades en peligro de extinción provocadas por actividades humanas, por lo que es urgente concientizar a la colectividad sobre su preservación.

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