El otro y yo

EL AGUA DEL MOLINO

RAÚL CARRANCÁ Y RIVAS

¿Yo soy yo y también soy el otro? ¿El otro soy yo? Al margen de toda consideración política y con un toque de filosofía profunda, en esto me ha hecho pensar lo que dijo el Presidente en el Grito que dio la noche del día 15: ¡Viva la libertad! ¡Viva la igualdad! ¡Viva la justicia! ¡Viva la democracia! ¡Viva la soberanía! ¡Viva la fraternidad universal! ¡Viva la paz!; y luego: ¡Muera la corrupción! ¡Muera el clasismo! ¡Muera el racismo! Aquí pienso también en la otredad que se define en filosofía como la condición de ser otro, siendo que todo lo que dijo el Presidente en su Grito tiene que ver con el otro, o sea, ¿conmigo mismo?

Es un hecho que en el proceso cultural hay vasos comunicantes muy finos y que a través de ellos pasan corrientes de pensamiento muy hondas, Por la que fluye una riqueza milenaria.

Me explico. La cultura a la que pertenecemos en el mundo en el que vivimos y en el que coexistimos -a lo cual ya me he referido en otra ocasión- se define como occidental judeocristiana (Toynbee), para mí con un aroma helénico.

Esto significa que toda alusión a los principios rectores y valorativos de la misma significa una alusión a aquélla. O sea, que en tal sentido el Grito del Presidente, lo haya sabido o no, haya estado consciente de ello o no, contiene elementos propios y específicos del “Amaos los unos a los otros”; y a esto me he referido al decir textualmente: “Es un hecho que en el proceso cultural hay vasos comunicantes muy finos y que a través de ellos pasan corrientes de pensamiento muy hondas”.

En otros términos: ¿Yo soy yo y también soy el otro? ¿El otro soy yo? Se trata nada menos que de la unidad moral y espiritual de nuestra especie, de lo humano.

Es lo que buscó con desesperación ardiente, marcada de ráfagas políticas, Arthur Koestler en El Cero y el Infinito, y lo que hizo con pasión arrobadora Milán Kundera, planteando dudas y problemas existenciales, en La Insoportable Levedad del Ser.

Por cierto, desconozco quién tradujo al español el libro de Kundera pero la palabra levedad (leve) me parece perfectamente usada en los términos de las líneas que escribo porque leve implica ligero, de poco peso, fino, sutil.

Es decir, que ello es insoportable si nos referimos al Ser, que es todo lo contrario.

Y es lo que el personaje de Kundera no soporta.

¿Por qué? Porque el Ser necesita compañía, necesita del Otro para ser Uno (Unidad).

Amar a tu prójimo como a ti mismo, cita ésta que no es religiosa sino de alto contenido cultural, moral y social. De aquí se deduce e infiere la solidaridad que se opone al racismo (egoísmo), al clasismo (egoísmo) y a la discriminación (egoísmo).

Principios básicos los anteriores, jurídicos, que tutela y consagra el artículo 1º de la Constitución.

Desde mi punto de vista hay una cultura nacional que proviene de una fuente universal y a la que no puede substraerse quien maneja ideas y conceptos.

Consciente o inconscientemente el Presidente no se substrajo a ella.

Se trata de una especie de aire cultural que respiramos y en momentos en que se evocan valores civiles como la patria, la independencia y la libertad nuestros pulmones se llenan de ese aire.

Es la atmósfera espiritual que a partir de lo humano nos hace trascender.

Lo opuesto es patrioterismo pasajero y superficial. En suma, el Grito fue para mi algo muy distinto de la fiesta patriotera en que se alardea de lo que se carece.

Qué razón tenía Disraeli al decir: “Pertenezco a un país, luego pertenezco al mundo”.

Sí, al mundo, el sitio de otros y el mío.

El sitio de nosotros.

PROFESOR EMÉRITO DE LA UNAM

PREMIO UNIVERSIDAD NACIONAL

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