La complicidad invisible

SAMANTHA REYES 

El pasado 30 de julio se conmemoró el Día Internacional Contra la Trata de Personas, un problema multifacético que se presenta en distintas formas. Sin embargo, es bien sabido que la explotación sexual es una de las más comunes y cuyas víctimas son en su mayoría mujeres y niñas. Esta problemática es bien conocida y hasta cierto punto, incluso aceptada como parte de la vida, como algo que no va a cambiar porque así ha sido siempre. Vivimos en una sociedad que consume cuerpos de forma tan rutinaria que ya no causa sorpresa o indignación que un ser humano pueda ser comprado. 

Es precisamente en esta normalización donde entramos a un tema incómodo, pero que es necesario mencionar: la única razón por la que este mercado existe es porque hay una gran demanda que lo impulsa, pero nadie se quiere reconocer como cómplice, se ve como algo muy lejano y ajeno a nosotros, pero no lo es. Hoy en día particularmente es un tema controversial, mucha gente cree que la forma más fácil de disminuir la trata es legalizando el trabajo sexual, cosa que en teoría debería funcionar, pero que lamentablemente en la práctica no ha sido suficiente en países donde esto es una realidad, porque al final del día el mercado busca la mejor forma de lucrar y la ilegalidad sigue siendo más conveniente. 

En un mundo ideal, cada persona debería ser libre de hacer lo que quiera con su cuerpo sin ser juzgadx, sin embargo, sería ingenuo creer que esa es nuestra realidad, lo cierto es que la línea que distingue a personas libres en mercados sexuales y víctimas de trata es básicamente imperceptible, por lo que aceptar una es invisibilizar la otra. Es importante aclarar que las trabajadoras sexuales merecen derechos laborales y protección como cualquier persona, penalizar el trabajo sexual voluntario únicamente las pone en mayor riesgo, pero ese no es el punto que se debate aquí, el problema es que se sigue alimentando un mercado construido mayormente en la explotación, la marginalización y el uso de otras personas, un mercado que no debería existir. 

Es importante entender nuestro privilegio al hablar de libertad, ¿soy libre de hacer lo que quiera con mi cuerpo? Sí, pero 1 de cada 130 mujeres y niñas no (Walk Free, 2020); ¿puedo pagar por sexo? Sí, pero el hacerlo inevitablemente genera demanda en un mercado donde impera el abuso y la explotación. Como hombres y como mujeres debemos hacer conciencia sobre esta problemática y nuestro rol dentro de ella, de lo contrario seguiremos perpetuando el sistema que ha permitido que hoy en día la trata sea uno de los negocios más lucrativos del mundo.

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