La libertad de expresión amenazada

ANGÈLICA DE LA PEÑA

Mientras el Presidente elogia a Julian Assange y le describe como el “quijote de nuestro tiempo de la libertad de expresión”, contrariamente a quienes protestan o tienen una opinión diferente en México, se les insulta y persigue. Todas las semanas, este gobierno, atenta contra la libertad de expresión, y como garantía constitucional, enfrenta amenazas propias de regímenes dictatoriales. Nadie escapa de ser cuestionado como una forma de censura, por parte del presidente.

En el acto del Grito, al mismo tiempo que recibe a familiares de Assange con bombos y platillos, ordenaba se quitase la gran manta que desplegaron dos chicas, integrantes de la organización “Hasta Encontrarte”, desde el monumento de la Estela de Luz. Esta forma arriesgada de protesta tuvo como fin alertar sobre la militarización, la exigencia de justicia, y para llamar la atención sobre la desaparición forzada de personas. Ejerciendo sus derechos a la libertad de expresión, desplegaron esta manta de casi 100 metros con la leyenda “16 años de impunidad militar, NO al golpe militar. Para cuándo nuestra Independencia del ejército”.

Hubiera sido un gran contraste que el desfile militar tuviese a un costado esta manta para evidenciar ante el pueblo de México, la impunidad que está detrás de las graves violaciones a los derechos humanos, el deterioro de las instituciones civiles, y los peligros que se corre contra la democracia, por la militarización del país.

La manta de la Estela de Luz evidencia un desacuerdo con la decisión de López Obrador de militarizar la seguridad pública en el país y lo expresan ejerciendo el derecho a informar, expresar una preocupación fundada, por cierto, en la CPEUM, los tratados de los que somos parte: la libertad de expresión es pieza fundamental de la democracia. Y conociendo el temperamento del presidente, seguramente estaba muy enojado que se le echara a perder el montaje de su grito, teniendo a sus invitados extranjeros con toda la prensa internacional, de manera que era previsible ordenara censurar la manta de La Estela de Luz. Mientras que a las chicas les llevó más de 15 horas subir al monumento cargando enrollada la manta y comenzar a desplegarla, al gobierno le llevó menos de media hora bajarla, justo antes de que comenzara el desfile militar.

Durante estos cuatro años, el presidente ha evidenciado su antipatía por la libertad de expresión, y por quienes la ejercen. Desde el fomento de la polarización que le es útil, diseña un ridículo show de “quién es quién en las mentiras” dónde sin derecho a réplica, usa el pódium de Palacio Nacional para agredir a quienes se atreven a cuestionarle sus decisiones, en una franca violación al derecho de la libertad de expresión. Volvemos a la época en que el gobierno censuraba la libertad de expresión y la protesta.

Este México de hoy, con más de 13 periodistas asesinados en lo que va del año, padece un déficit porque no se está gobernando para lograr la paz, la justicia y la no repetición de los crímenes horrendos que hoy impactan a la sociedad. Evidenciarlo ejerciendo el derecho a la libertad de expresión molesta. Debemos alertarnos para impedir que esta garantía, pueda ser suprimida. Basta revisar las historias de los dictadores, sean de derecha o izquierda, para constatar que es lo primero que se pone en riesgo. Lo acontecido en la Estela de Luz, es una llamada de atención