La militarización del país; recortan personal en la SEP

Andrés Manuel López Obrador prometió en campaña regresar al Ejército y a la Marina a sus cuarteles.

Realizaban labores que no les correspondían.

Llegó a acusarlos de masacrar a civiles, a jóvenes.

Hoy, su gobierno se basa en las Fuerzas Armadas.

Y no me refiero al poder que significan los ejércitos en la historia de las naciones y del Estado.

Andrés Manuel ha dado todo el apoyo a la milicia, cuya función primaria es salvaguardar la soberanía nacional.

Ha mejorado sus ingresos, les ha dado más poder, incluso, que Felipe Calderón Hinojosa, quien se sentó en el Ejército en 2006 para legitimar el robo de la presidencia que cometió en contra de los mexicanos y de López Obrador con aquel 0.56 por ciento.

El hoy ex militante del Partido Acción Nacional (PAN) declaró la guerra al narcotráfico y al crimen organizado en diciembre de ese año, sin tener un plan, una estrategia y una ruta trazada.

El resultado fue un lúgubre sexenio con más de 100 mil muertos y 30 mil desaparecidos por una estúpida guerra.

Enrique Peña Nieto mantuvo la estrategia aprendida no sólo de Calderón Hinojosa, sino de 72 años del Partido Revolucionario Institucional: apoyarse en el Ejército pero acabar con el tema narcotráfico y violencia por decreto.

Como si no existiese.

Ayotzinapa y los 43 normalistas lo devolvieron a la realidad.

Andrés Manuel asegura que no se militariza al país, pero entrega todo a las Fuerzas Armadas.

El Ejército construye el aeropuerto de Santa Lucía; vigila la vacunación en todos los estados del país; cuida las fronteras norte y sur para que los centroamericanos, mayoría, que sueñan con vivir en Estados Unidos, no pasen.

Exigencia de Donald Trump y, ahora, de Joe Biden.

Los soldados construyen el Tren Maya, las bases de la Guardia Nacional y las sucursales del Banco de Bienestar; vigilan los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex); escoltan pipas de combustible; camiones distribuidores de medicamentos, de vacunas, y más.

Nomás falta que vendan barbacoa los domingos y, ¿por qué no?, hasta los sábados, en un tiempito.

Por supuesto, y con la mayoría simple y calificada -con sus esbirros- modificó la Constitución para que el Ejército tenga facultades para realizar labores de seguridad pública y policiacas.

La Guardia Nacional es un nuevo cuerpo militar, por ejemplo.

Y dice que no está militarizado el país.

 

¿Informe por cien días del tercer año de gobierno?

López Obrador dirigió ayer el noveno mensaje a su electorado, llamado informe trimestral.

Desafortunadamente para él y para el país, no hay mucho que informar.

En 38 minutos que duró su discurso, frente a un grupo de subordinados, se dedicó a hacer un recuento de lo que ha dicho una y otra vez en sus conferencias matutinas, llamadas mañaneras.

Ahí, en Palacio Nacional, dijo que pese a la epidemia de Covid-19, México no se ha caído y se transforma y que la austeridá ha servido.

Presume lo que antes criticó y lo presenta como un logro: las remesas.

El dinero que los mexicanos en el exterior envían a México a sus familias.

Sencillo: si crecen las remesas es que más mexicanos se fueron y se fueron porque aquí no encontraron trabajo ni condiciones para vivir.

Ah, y que no ha habido gasolinazos.

Con la Magna en 20.50 y la Premium en 22.50.

 

Recorte en la SEP

En la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha comenzado el despido de personal.

En todas las áreas.

No se diga en comunicación social.

Delfina Gómez, incipiente secretaria de Educación Pública, anunció hace un par de semanas un recorte para ahorrar recursos.

¿Ahorrar, Delfina?

¡Por favor!

Y más mexicanos al desempleo.

Sin importar que se esté en plena epidemia de Covid-19 y que conseguir un nuevo puesto, en el sector público o privado.

En ese plan de austeridad que raya en lo ridículo, la SEP convocó a diseñadores gráficos y a artistas de la creación para hacer nuevas portadas de los libros de texto.

Pero decidió no pagar el diseño.

El único pago será el ejemplar donde aparezca la obra y un reconocimiento.

Ese es el absurdo de Delfina.

 

Vámonos: Gatell prometió información de los 322 mil muertos por Covid-19, pero nada.

 

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