La orden fue llenar el Zócalo a como diera lugar; ¿el mensaje?… el mismo

La orden fue dada desde Palacio Nacional y el Antiguo Palacio del Ayuntamiento y era eso, precisamente: una orden.

Había que llenar el Zócalo a como diera lugar.

El plan era mostrar músculo, enviar una señal de “aquí estamos, fortalecidos, y no nos hemos ido ni nos iremos”.

No se podía quedar mal con el líder, el jefe y, de paso, reforzar la idea de que Claudia Sheinbaum es ya, desde ahora, la preferida y la candidata presidencial de Andrés Manuel López Obrador, el anfitrión de la fiesta.

Eran los tres años de su militarizado -él lo niega, obvio- gobierno.

Y las delegaciones estatales y municipales de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) se aplicaron como saben hacerlo.

Al más puro estilo de lo que siempre criticaron, pero de donde provienen: el PRI y el PRD.

Acarreados, miles.

Torta, jugo y golosina.

Microbuses destartalados, camiones de los llamados chimecos y, en el mejor de los casos, autobuses de pasajeros.

Llegaron desde Quintana Roo, Veracruz, Oaxaca, Puebla, Estado de México, Tlaxcala, Zacatecas, San Luis Potosí, Nuevo León, Sonora, Sinaloa y todos los estados que controla Morena.

Y la Secretaría de Seguridad, dependiente del gobierno capitalino, no tardó en fijar una cifra poco creíble y difícilmente verificable: 250 mil asistentes.

En la plancha del Zócalo, ya se ha informado tras diversos eventos, no caben 120 mil. Ayer argumentaron que calles aledañas estaban llenas.

Los conciertos de Café Tacuba en 2005; Paul McCartney, en 2012, y Roger Waters en 2016, reunieron cantidades similares de personas, igualmente jamás verificadas.

Históricamente, Seguridad Pública se encarga de minimizar las cifras.

Ayer sucedió lo contrario: había que magnificar.

López Obrador se organizó su fiesta.

Su AMLOFest, como se le llamó en redes.

No le importó la inminente cuarta ola de Covid-19 ni la inminente llegada de la variante Ómicron ni que hubiera miles de contagios.

En zona especial, los presidenciables más mencionados.

Marcelo Ebrard, Claudia Sheinbaum y Adan Augusto López.

¿El discurso?

El mismo desde hace 21 años:

Triunfalismo.

El combate a la corrupción.

Primero los pobres.

Al carajo los ricos.

Ya no podrán borrar la huella que dejó Morena.

Y más.

Una mañanera masiva.

Pobre país.

 

¿Mensaje subliminal?

Ricardo Monreal Avila nomás no llegó.

Pese a que el martes dijo que ahí estaría, en el Zócalo, junto a su compa Andrés Manuel, ayer decidió, de pronto, no asistir.

Tras el encuentro con la futura gobernadora del Banco de México (Banxico), Victoria Rodríguez Ceja, en el Senado, salió apresurado y sólo dijo: ya no llego, ya son las 4:30.

-En bicicleta, en moto, le sugirieron.

Y se fue.

 

‘Devasta a la CDMX la 4T’

Ricardo Rubio asegura que la cuarta transformación es una farsa.

El diputado del Partido Acción Nacional (PAN) en la CDMX acusa al gobierno de López Obrador de dejar sin medicamentos a los niños con cáncer y de desmantelar el Seguro Popular para crear el INSABI, al que califica de inservible y de instrumento político para ganar votos.

De Claudia Sheinbaum dice que actúa para convencer a su jefe, López Obrador, y que al mitin del Zócalo ayer llevó acarreados para que le echaran porras que, afirma, fueron tan pobres que sólo ella las oyó.

 

Vámonos:  Hay que acusar con su mamá a los malandros que asaltaron ayer el Reclusorio en Hidalgo. Se llevaron a nueve.

Más abrazos.

 

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