Los daños colaterales de AMLO… y llenar el Zócalo en la cuarta ola

Andrés Manuel López Obrador ya tiene sus daños colaterales.

Tal como Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, al que siempre criticó y critica. Al que siempre culpa de los males actuales del país y de los mexicanos.

Luego del ataque a tiros y con una granada la noche del jueves afuera del palacio municipal de Guaymas, Sonora, el secretario de Marina, Rafael Ojeda Durán, se convirtió en la nota el viernes.

– Desgraciadamente hubo daños colaterales ahí, un policía municipal, el propio sicario y una muchachita que estaba ahí como parte de la manifestación que, por cierto, es hija de un miembro de la Secretaría de Marina-Armada de México, dijo.

Andrés Manuel se ha convertido en lo que siempre reprobó.

Daños colaterales significa, según el jefe de los marinos, “fue sin querer queriendo”. O “todo por estar en el lugar equivocado a la hora equivocada”.

En el lúgubre sexenio de Calderón Hinojosa la expresión daño colateral se convirtió en cosa de todos los días. En un término común.

Los muertos inocentes, que nada tenían que ver en un enfrentamiento entre las fuerzas federales y los malandros, comenzaron a ser llamados así.

Y fueron decenas, cientos, en ese sexenio.

El secretario de Marina lo llevó a las portadas este sábado y lo convirtió en tendencia en twitter con las reacciones de la comunidad virtual, que lo acabaron por su dicho.

Ejemplos de daño colateral en el calderonismo hay muchos. Sobran.

Calderón Hinojosa, en su afán por legitimar su triunfo en la elección de 2006 -aiga sido como aiga sido- con aquel 0.56 por ciento, decidió ponerse el uniforme militar y montarse en el Ejército para ganar el aplauso y lo único que consiguió fue fragmentar a los cárteles del narcotráfico y desatar una disputa intestina.

Y que el crimen descubriera que puede desafiar al Estado y no pasa nada.

Es más, hasta ganarle batallas.

Creó la Secretaría de Seguridad y la entregó a Genaro García Luna.

¿El saldo?

Cien mil muertos y treinta mil desaparecidos.

El sexenio de Enrique Peña Nieto no fue distinto.

Por decreto, el de Atlacomulco acabó con las términos levantón, decapitado, daño colateral, narcotráfico, cárteles, capos y más.

Es decir, nomás de un plumazo ya no existía el crimen organizado.

Sus reformas, hoy eliminadas por López Obrador, fueron prioridad.

Abrazos, no balazos, es la frase lopezobradorista repetida cada vez que es cuestionado en torno al más violento y sangriento sexenio desde Vicente Fox Quesada.

Las ejecuciones, los homicidios dolosos superan a los de los gobiernos de Felipe Calderón, Enrique Peña y el citado Fox.

Atacar las causas de la violencia, como pobreza y falta de ingresos, con programas como el fracasado Jóvenes Construyendo el Futuro no ha sido suficiente ni eficaz.

Ahí está Zacatecas, donde gobierna David Monreal Avila, hermano de Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena.

Mientras estuvo Alejandro Tello Cristerna, del PRI, nomás no existía Zacatecas. Hoy ya hasta fue y anunció refuerzos del Ejército y la Guardia Nacional para cuidar al Estado.

Si se permite que continúen las matanzas, las masacres, las extorsiones y el renteo a comerciantes -pon la otra mejilla- el país se aproxima a un abismo del que difícilmente saldremos ni en el sexenio próximo.

 

Al Zócalo en pleno inicio de la cuarta ola

En pleno inicio de la cuarta ola y con el virus llamado Omicron, nueva y más potente cepa, Andrés Manuel convoca a llenar el Zócalo para “celebrar” su tercer año en el gobierno.

¡Ah!, pide usar cubrebocas.

Y Claudia Sheinbaum, su porrista número 1, reitera:

-No hay una cuarta ola, pero en caso de darse comenzará una campaña de vacunación y no cerraremos (comercios), dijo ayer.

 

Vámonos: Simon Levy es el clásico trepador.

 

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