Persiste discriminación a trabajadoras domésticas: Copred

AIDA RAMÍREZ

Foto: Cortesía El Sol de Tlaxcala / OEM-Informex

Desafortunadamente, en la Ciudad de México en donde se presume de respetar los derechos de toda persona, y en donde las autoridades trabajan y confían en la inteligencia de todo capitalino, persiste el despido por embarazo y se sigue invisibilizando la desigualdad que prevalece en quienes llevan a cabo las tareas domésticas.

Según el Copred (Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México), históricamente el porcentaje más alto de denuncias que se recibe es la de “despido por embarazo”, concepto bajo el cual se engloba el despido injustificado cuando una mujer anuncia su embarazo o regresa de la licencia de maternidad, el hostigamiento para provocar la renuncia de una mujer embarazada o que regresa de la licencia de maternidad, así como la no contratación por embarazo de la candidata.

En ese sentido, el Consejo señala que entre 2013 y 2021 atendió a cerca de 500 casos de discriminación asociada al embarazo y maternidad; “esto es precisamente un efecto desproporcionado de la asignación por roles de género de las tareas domésticas y de cuidado a las mujeres”.

Pero además, señala por otro lado, la necesidad de reconocer que el valor del trabajo doméstico no remunerado resulta fundamental para visibilizar la desigualdad que persiste en la sociedad derivada de los estereotipos y modelos de convivencia que acentúan la discriminación y la violencia hacia las mujeres, ya que siguen siendo ellas en mayor medida quienes se dedican a esta labor.  

Por ello, asevera que la comprensión y redistribución del trabajo doméstico no remunerado ayudará a eliminar las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres. 

En el marco del Día Internacional del Trabajo Doméstico No Remunerado, el Consejo llamó a reflexionar sobre la necesidad de la redistribución del trabajo doméstico no remunerado y eliminar la brecha de desigualdad entre hombres y mujeres, así como reconocer su valor como actividad económica y social para contar con políticas públicas que fomenten su distribución igualitaria y comunitaria.

Recordó que durante el Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLC) en 1983, se declaró el 22 de julio como el Día Internacional del Trabajo Doméstico, colocando en el ámbito público el reconocimiento del trabajo tanto remunerado como no remunerado al interior de los hogares, sus aportaciones económicas y sociales a los países y la desigualdad en el acceso a derechos que afecta principalmente a las mujeres.

Señala que el trabajo doméstico considera dos vertientes: el remunerado y el no remunerado, en ambos casos se trata hoy de una labor que sigue invisible, sin reconocimiento social, jornadas largas, desvaloradas y ocultas donde no se considera que tiene un valor económico y social, sino más bien de una obligación casi “natural” de las mujeres.

Respecto al trabajo doméstico remunerado, el Copred ha insistido en el reconocimiento, protección y garantía de los derechos de las trabajadoras del hogar. Este trabajo se refuerza con la reciente integración de Marcelina Bautista, fundadora del Centro Nacional para la Capacitación Profesional y Liderazgo de las Empleadas del Hogar, A.C. (CACEH), a la Asamblea Consultiva de este Consejo.

Durante 2019, el valor económico del trabajo no remunerado doméstico y de cuidados fue de 5.6 billones de pesos, equivalente al 22.8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país; de esta participación las mujeres aportaron 16.8 puntos y los hombres seis puntos, de acuerdo con datos del INEGI. Sin embargo, “este trabajo no se considera como valioso y no se paga”.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo de 2019 (ENUT 2019) a nivel nacional en promedio, las mujeres trabajan 6.2 horas más que los hombres. Ellas trabajan en empleos remunerados 37.9 horas a la semana y los hombres 47.7, en tanto que en labores de cuidado las mujeres dedican 39.7 horas  y los hombres apenas 15.2 horas.

El promedio de horas a la semana de trabajo doméstico de las mujeres es de 30.8 mientras que el de los hombres es de 11.6, y para el de cuidado llega a 12.3 y 5.4 respectivamente. Las mujeres de 40 años y más que son Población Económicamente Activa (PEA) llevan a cabo en promedio 35.7 horas de trabajo doméstico y de cuidado contra 16.8 horas de los hombres.

Las mujeres de menos de 40 que son PEA dedican 43.7 horas a la semana en ambas actividades, mientras que los hombres 18.8 horas. Una jornada laboral de ocho horas durante cinco días a la semana es de 40 horas. Es decir, las mujeres que trabajan fuera del hogar en empleos remunerados realizan una jornada laboral extra. Esto es lo que se conoce como “doble jornada”.

El Consejo asevera que estas cifras revelan que el trabajo doméstico no remunerado genera más desigualdad hacia las mujeres, ya que, debido a la división sexual del trabajo, al tener éstas la responsabilidad de gestionar y cuidar los hogares y las personas que residen en ellos, se obstaculiza su desarrollo en otros ámbitos de la vida, como en su acceso a una educación, trabajo formal, desarrollo y capacitación en igualdad de condiciones que los hombres.

Para visibilizar esto en el ámbito laboral, se habla de la “penalización por maternidad y la discriminación por embarazo”.

Y, en ese tenor, se indicó que desafortunadamente, en Ciudad de México persiste el despido por embarazo  que, históricamente es el porcentaje más alto de denuncias que se recibe.

Dicho concepto bajo el cual se engloba el despido injustificado cuando una mujer anuncia su embarazo o regresa de la licencia de maternidad, el hostigamiento para provocar la renuncia de una mujer embarazada o que regresa de la licencia de maternidad, así como la no contratación por embarazo de la candidata.

Junto con este concepto, señala la necesidad de reconocer que el valor del trabajo doméstico no remunerado resulta fundamental para visibilizar la desigualdad que persiste en la sociedad derivada de los estereotipos y modelos de convivencia que acentúan la discriminación y la violencia hacia las mujeres, ya que siguen siendo ellas en mayor medida quienes se dedican a esta labor.

Durante el Simposio “Corresponsabilidad de la vida laboral y la vida personal y familiar”, donde se presentó el diagnóstico “A dos años de la pandemia: ¿persisten las desigualdades de género en la CDMX?”, el Consejo señaló que se muestra cómo las brechas de género continúan afectando la presencia de las mujeres en el mercado laboral.

Pero además, se reflexionó sobre la urgencia de legislar para la creación de un Sistema de Cuidados, tanto a nivel local, como a nivel nacional, pues resulta indispensable que los cuidados se asuman como una responsabilidad social.

“Acabar con la división sexual del trabajo pasa por la adopción de medidas y políticas que promuevan las tareas domésticas y de cuidado por parte de los hombres y como una tarea comunitaria”, señaló.

Por ello, el Copred llama al Congreso de la Unión y al Congreso local para que, en el ámbito de sus atribuciones se legisle para la creación de los sistemas de cuidados, se amplíen las licencias de paternidad y se generen medidas que tiendan a fomentar que las tareas domésticas y de cuidado sean asumidas por hombres y mujeres de manera igualitaria y tengan una perspectiva comunitaria.

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