Populismo, polarización, autoritarismo e ignorancia, un coctel muy peligroso

Lo visto ayer en Washington parece el colofón de una historia  de populismo, de autoritarismo, de ignorancia, de egolatría, de clasismo, de nacionalismo exacerbado, de xenofobia y de violencia.

De demencia.

El nazismo en Alemania, el franquismo en España y el fascismo en Italia mostraron en el siglo XX lo riesgoso de exacerbar el nacionalismo y la superioridad, supremacía y pureza de raza.

Donald Trump se encargó durante cuatro años de polarizar, de dividir a la sociedad estadunidense, de por sí racista y con complejo de superioridad, entre blancos, negros, delincuentes hispanos, mayoritariamente mexicanos, asiáticos muertos de hambre y el resultado fue visto ayer.

Su discurso de fraude y robo en las elecciones presidenciales de noviembre pasado, manejado desde meses antes, y sin mostrar prueba alguna, continuó ayer cuando en el Congreso estadunidense se aprestaban a ratificar la victoria del demócrata Joe Biden.

Cuando faltan sólo trece días para que termine el gobierno del que será recordado a partir de ayer como el peor presidente en la historia de Estados Unidos, aún se niega a irse y a reconocer su derrota.

Y la respuesta de esos que considera adversarios y que ataca todos los días, políticos, periodistas, y hasta de sus correligionarios y aliados en esta ya trágica aventura- ayer hubo cuatro muertos- es a favor de la democracia, del Estado, que Trump todavía intentaba violentar cuando exigió en twitter y en su discurso mañanero al vicepresidente Mike Pence hacer todo lo que estuviera a su alcance para evitar que se ratificara la victoria de Biden.

A México lo ha maltratado un día sí y otro también.

En el gobierno de Enrique Peña Nieto utilizó durante su campaña y su gobierno a los mexicanos para ganar adeptos y prometió construir un nuevo muro fronterizo que, dijo, pagaría México.

-Cuando México envía a su gente, no envía lo mejor, no los envía a ustedes. Están enviando gente con montones de problemas. Están trayendo drogas, están trayendo crimen, son violadores y algunos asumo que son buenas personas, pero yo hablo con guardias fronterizos y eso tiene sentido común, ha dicho.

Make America great again (Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo) fue su frase de campaña y ésta encierra todo lo señalado.

Lo visto en Washington es una señal de alerta para México y su sistema político.

Si la potencia, que aún es Estados Unidos, se cimbró, imagine lo que podría suceder en México si Andrés Manuel López Obrador mantiene ese discurso igualmente divisionista y polarizador.

Todos los días critica a los adversarios, a los conservadores, a los inconformes con el fin del régimen anterior y reitera una y mil veces que los ricos son malos -no todos, aclara- y que los pobres son buenos.

La condena mundial fue generalizada.

Desde Justin Trudeau, premier de Canadá, hasta Ecuador, Chile o Costa Rica.

¿Y México?

Tal como sucedió cuando Biden triunfó, Andrés Manuel o el canciller Macelo Ebrard no se han manifestado.

Y eso podría ser contraproducente en la relación con el nuevo gobierno estadunidense.

 

Vámonos: El semáforo rojo en la CDMX y el Estado de México es una farsa. A los comerciantes, empresarios y negocios formales se los aplican y a los ambulantes y todo tipo de negocio informal no.

 

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