Razón de ser de la autonomía universitaria

RAÚL CARRANCÁ Y RIVAS
Acerca del tema de la autonomía universitaria han escrito muchas plumas muy prestigiosas. Yo trataré de hacerlo centrándome ahora en su razón de ser, en su esencia, aunque ya me he ocupado varias veces del asunto. ¿Qué es la autonomía? En principio no depender de nadie, es decir, ser libre, no estar subordinado a nada ni a nadie. En consecuencia y con base en lo anterior la UNAM no depende sino de ella misma, aunque se subordine a la ley. En efecto, su autonomía consubstancial -enseñar, investigar, difundir cultura- nacida de su propia naturaleza y de la historia nacional la llevó a darse una ley interna en el año de 1929, ya reconocida y tutelada por el artículo 3º de la Constitución que la define como responsable de gobernarse a sí misma, en los términos del propio artículo 3º, respetando la libertad de cátedra tanto como el libre examen y discusión de las ideas. Ahora bien, si la Universidad es una institución o corporación autónoma -ente, entidad, colectividad- no es menos cierto que en tal sentido es algo abstracto y que por lo tanto llega, digamos que filtrándose hasta los individuos que la componen. Ser universitario es ser autónomo.
Me explico. Supongamos una Universidad sin profesores, ni investigadores, ni alumnos, ni trabajadores. ¿Podría ser una institución autónoma? No, porque carecería de sentido sin aquéllos, ni éstos tampoco podrían ser autónomos sin ella; siendo que esa complementación le da razón de ser a la autonomía. No obstante, y habida cuenta de la existencia real de la Universidad, los profesores e investigadores debemos ejercer su autonomía en el contexto de la libertad de cátedra, de investigación, de trabajo y de estudio, respetando siempre el laicismo. Sin embargo, repito, ello se extiende y dilata mucho más allá. Es decir, que impregna a todo universitario de cualquier clase y género; lo que significa que los millones de universitarios de México, y derivado de esa condición, somos autónomos.
Escribir, hablar, opinar, manifestarse en cualquier sentido con absoluta libertad es parte esencial de nuestra naturaleza y razón de ser en la sociedad. He dicho libertad que en ningún caso puede ser absoluta conforme al artículo 3º constitucional, prohibiéndose toda inquisición judicial o administrativa salvo “cuando ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público”; lo que corresponde a la condición social de la libertad, inconfundible con el libertinaje. Por lo tanto, se trata de la que llamo libertad autonómica en que se depende de uno mismo, pero sin lesionar los derechos de terceros. Éste es el espacio de nuestra autonomía universitaria vinculado estrechamente a la responsabilidad jurídica, que se extiende o dilata hasta las llamadas personas morales, mejor jurídicas como “ficciones” que son y sujetas a las mismas condiciones que establece el ya citado artículo 3º de la Carta Magna. No hay que perder de vista que unas y otras se denominan personas en el Derecho. En conclusión, los universitarios somos autónomos que formamos parte de la institución a la que pertenecemos, conformando una unidad absoluta. Justo Sierra lo sostuvo al fijar su atención en el pueblo, socializando la educación que hoy equivale a respetar los derechos humanos que ella implica; y Antonio Caso la ubicó en el mundo diáfano de los valores. Responsabilidad la nuestra que es la del México pensante y que nos obliga, en el mejor sentido del término, a que hable la Universidad por medio de nosotros. Somos Espíritu Autónomo con la misión de integrar a México en la tarea profundamente humana de enriquecer y completar nuestro ciclo vital y existencial hasta la meta anhelada, que es la que explica y justifica nuestra presencia en este mundo. Hombre=Universidad=Autonomía. Trinomio que define nuestra razón de ser libres y autónomos en un camino cuya luz no se extingue. Nuestro lema lo explica perfectamente, POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU, que ubica el libre albedrío, dolor de cabeza de tantos filósofos, en el eje de una libertad que eleva la palabra universitaria hasta la cumbre. El autor de nuestro lema, José Vasconcelos, fue visionario: somos la Raza Cósmica con la firme voluntad que la guía.
PROFESOR EMÉRITO DE LA UNAM
PREMIO UNIVERSIDAD NACIONAL
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