Rosario no es una víctima; Videgaray contesta desde Massachusetts

Rosario Robles Berlanga sintió presión.

Por eso matizó.

Por eso desautorizó lo dicho por sus abogados, de que revelará cómo en el sexenio de Enrique Peña Nieto se desviaron recursos mediante universidades públicas a campañas electorales del Partido Revolucionario Institucional (PRI), incluida la de José Antonio Meade Kuribreña, candidato perdedor en 2018.

Es la llamada Estafa Maestra.

Robles Berlanga, según Sergio Arturo Ramírez, dirá ante la Fiscalía General de la República (FGR) de Alejandro Gertz Manero que esos recursos fueron para financiar  campañas, incluida la del hoy ex presidente, en 2012.

Pero la ex dirigente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), invitada al gobierno de Peña Nieto como estrategia para darle una imagen de gobierno social, se apresuró a desmentir, aunque no dio detalles.

Sólo dijo que hablará con la verdad.

En entrevista con Ciro Gómez, aseguró que Emilio Zebadúa, su subordinado-insubordinado, ha dicho mentiras o verdades a medias, acusando a personas sin fundamento.

Epigmenio Mendieta, otro de sus abogados, afirma que Robles Berlanga, a quien alguna vez Peña Nieto, durante su gobierno, le dijo en Chiapas “no te preocupes Rosario”, cuando la acusaba el PAN precisamente de desvíos hacia Veracruz, no quiere pudrirse en prisión, cuando ha visto que la han abandonado.

Como se dice en el argot: ha tenido que comérsela sola.

Sin pretender hacer una defensa de la acomodaticia política, y conociendo de lo que es capaz -basta recordar cómo endeudo al PRD o cómo dio obra pública a su novio y protegido argentino, Carlos Augusto Ahumada Kurtz-, lo cierto es que Andrés Manuel López Obrador no le perdona su traición.

En 2004 participó en la filtración de los videos en los que aparece René Bejarano, secretario de López Obrador, embolsándose miles de dólares y hasta las ligas en las oficinas de Ahumada Kurtz.

Desde entonces, ha sido vista como adversaria, trepadora y traicionera.

Y desde entonces, su relación con Andrés Manuel está rota.

Se desviaron 8 mil millones de pesos de programas sociales.

Pudo ser a campañas o a las cuentas bancarias personales de funcionarios.

Ahumada Kurtz asegura en su libro Derecho de Réplica que Rosario le acompañó a la casa de Carlos Salinas de Gortari a reunirse con Diego Fernández de Cevallos para entregar los videos y afectar el proyecto presidencial de Andrés Manuel en 2006.

¿Lo recuerda?

No, Rosario no es una víctima.

Su vida política ha sido sucia.

Tiene un gusto desmedido por el lujo y la frivolidad y, sobre todo, la deslealtad.

Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores, contestó desde Massachusetts ayer.

Obvio, negó todo.

Y soltó una frase:

– El mecanismo de moda de ‘me salvo culpando a Videgaray’ tiene un límite, y ese límite son la verdad y la ley.

López Obrador ordenó comprar palomitas y refrescos.

Esto sirve a su causa, sin duda.

Rosario Robles tiene dos órdenes de aprehensión más en su contra, por lavado de dinero y delincuencia organizada.

No la perdona.

Pero si canta, tal vez.

 

Vámonos: Enrique Alfaro provocará un repunte en casos de Covid al permitir afición en el estadio de las Chivas esta noche ante América.

La Liga MX se zafa.

Hugo López-Gatell le pega y lo responsabiliza.

Pide protocolo y seguimiento a los asistentes por casos detectados.

Un código QR, como ha comenzado a hacer la CDMX.

¿Y sabe qué?

No sucederá.

A Alfaro, gobernador de Jalisco, no le importa.

Y al equipo del que es dueño Amaury Vergara, menos.

 

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