Terror impune

CATALINA NORIEGA

Mientras la inseguridad se desborda y la sociedad demencia frente al terror que despliega el crimen organizado, el tlatoani le quita importancia y, por el contrario, lo atribuye a la “prensa amarillista” y a los conservadores que buscan atacarlo.

Es inconcebible que el país esté en ma- nos de la barbarie de grupos delincuenciales desatados y la irresponsabilidad y negligencia de un desgobernante incapaz de cumplir con las premisas para las que fue electo, exigencia fundamental de cualquiera que lleve las riendas de una nación.

Antes que reconocer su fracaso, AMLO y sus jilgueros son capaces de inventar cualquier farsa. Frente a los dramáticos sucesos que empezaron en Jalisco, la se- mana pasada, para luego seguirse a Guanajuato, a Chihuahua, a Baja California y a Michoacán, la salida es el hacernos creer que vivimos en un régimen con estabilidad y ¡seguridad!

Les pidió a las poblaciones de esas entidades, que tengan calma, porque no pasa nada y que fue el fin de semana con menos homicidios del año. Sólo se contabilizaron 62. Es una burla a la ciudadanía el restarle importancia a los días de terror que han vivido y que, probablemente, apenas son el comienzo de peores tiempos.

Se le ha permitido a la delincuencia hacer y deshacer a su antojo y la respuesta es el caos en el que nos encontramos. En Palacio sólo interesa que pase el “decretazo” que incorporará a la guardia nacional a las Fuerzas Armadas, asunto que poco debe llamar la atención de quienes enfrentan la quema de automóviles, de tiendas de conveniencia y el ataque a ci- viles inocentes.

Sobre todo, ¿qué auxilio representará para la población el que se militarice el territorio si los soldados están impedidos de responder a las agresiones de las bandas?

El terror de los últimos días se presta a todo tipo de suspicacias, incluida la que circula profusamente por las redes sociales, en cuanto a que estos ataques están planeados desde el corazón de este gobierno, con el fin de convencer a la ciudadanía de las bondades de militarizar a la guardia nacional.

Se conoce la perversidad del inquilino de la Plaza de la Constitución, pero cuesta trabajo creer que pueda llegar a esto, aunque, cada día se rodea más de ultras habituados a cualquier tipo de estrategia, por sucia y baja que pueda ser.

Ciudad Juárez se vuelve a convertir en tierra de nadie y sus habitantes se lamen- tan atemorizados y con la aflicción de ver que regresan las épocas negras de su historia que, parecía habían quedado atrás. Fue durante el Calderonato cuando se estable- ció un plan firme para combatir la violen- cia y el terror, el que dio resultado por la colaboración esencial de la sociedad. El Juárez triste, conocido internacionalmente por sus “muertas”, recuperaba prestigio y perdía la macabra marca. La oleada actual podría regresarle la etiqueta.

Otro tanto ocurre con Tijuana, municipio al que también ensombreció el crimen organizado y que consiguió limpiar su imagen a fuerza de combatirlos. En ma- nos, en la actualidad, de una alcaldesa, por supuesto de Morena, de pésima trayectoria y sumida en declaraciones de pavor, poco podrá salir avante de esta dolo- rosa situación

Muchos mexicanos lloran aterrorizados por la violencia que los golpea, mientras quién debería de garantizarles la paz y la seguridad, se dedica a escupir agravios contra quienes le exigen se comporte como un Presidente y no como un pandillero. Queda claro que le quedó grande el traje.

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