Una trayectoria de 60 años del fotógrafo Lee Friedlander expuesta en España

Barcelona (España), 16 feb (EFE).- Una exposición en la ciudad de Barcelona recorre sesenta años de trayectoria del fotógrafo Lee Friedlander, uno de los artistas fundamentales del siglo XX, que captó la esencia de Estados Unidos a través de sus símbolos: el coche, las carreteras, la arquitectura y su naturaleza.

Nacido en Aberdeen (Washington) en 1934, tras unos estudios de diseño frustrados en California, Friedlander se estableció en Nueva York donde trabajó para revistas como Esquire, Holiday o Sports Illustrated.

Además, realizó por encargo retratos de algunos de los músicos de jazz más importantes de la escena norteamericana para portadas de discos de vinilo, pero paralelamente desarrolló su obra de forma independiente, en un momento en el que la fotografía todavía no había adquirido su estatus definitivo como expresión artística.

En 1962, con tan solo 28 años, Friedlander alcanzó su madurez como fotógrafo con su primera exposición colectiva en el MoMA de Nueva York, “The Photographer’s Eye”, en la que, como él mismo confesó, el objeto de su cámara era “el paisaje social americano”.

Según ha explicado este miércoles el comisario de la retrospectiva, Carlos Gollonet, que se expone en el centro KBr de Barcelona de la Fundación Mapfre, Friedlander contrarresta los ideales de la práctica moderna “mirando hacia la cultura popular en busca de inspiración, de forma parecida a como lo hacía el arte pop, rompiendo así los medios de representación tradicionales”.

Para ello incorpora un repertorio banal, crea argumentos visuales confusos y sacude al espectador con un sentido de la ironía derivado de yuxtaposiciones de objetos e ideas aparentemente inconexas que contrastan con la seriedad de los antiguos profesionales.

La exposición, que estará abierta al público del 18 de febrero al 8 de mayo, plantea un recorrido cronológico por su extensa obra, agrupado en series que desarrolló a lo largo de varios años.

En la exposición se subraya la importancia de estos proyectos, que, con frecuencia, se concretan en libros, otra de sus pasiones: “The Little Screens”, “The American Monument” o “America by Car” son sólo algunos de ellos, si bien también se muestran asociaciones temáticas o estilísticas que agrupan cerca de 300 fotografías entre retratos, autorretratos, fotografías familiares, naturaleza o paisaje urbano.

Entre estas instantáneas se incluyen 17 obras pertenecientes a las Colecciones Fundación Mapfre, además de otros materiales como vinilos de jazz y alrededor de 50 publicaciones.

El Kbr exhibe algunos de sus retratos de músicos de jazz -encargo de Atlantic Records- de los años 60, sus años más prolíficos y únicas fotos en color de toda su trayectoria, así como instantáneas captadas en sus numerosas estancias en Nueva Orleans, donde retrata la vida y la cultura de la ciudad en imágenes que traslada a tres de sus libros: “The Jazz People of New Orleans” (1992), por el que obtuvo su primera beca Guggenheim, “American Musicians” (1998) y “Playing for the Benefit of the Band” (2013).

Junto a estas imágenes se pueden contemplar otros proyectos de carácter más personal como “The Little Screens”, en el que aparecen elementos recurrentes como la yuxtaposición de objetos dispares que “en su asociación generan ironía y humor”, en este caso los televisores que ya poblaban las casas norteamericanas.

Emulando a artistas como Walker Evans, “su mentor”, o Robert Frank, Friedlander recorre los distintos estados norteamericanos en una ruta que recuerda la del Jack Kerouac de “En la carretera”.

Las imágenes fotografiadas se convierten casi en collages y a menudo el propio fotógrafo proyecta su cámara en la imagen como pasa en “Cañón de Chelly” (Arizona, 1983), un ejemplo de autorretrato creado con su propia sombra.

De esta época son también sus primeros viajes por Europa y precisamente Gollenet ha incluido una selección de once de las fotografías hechas en España, en Barcelona, Madrid y la costa andaluza.

En los años setenta se observa un cambio de tendencia y la influencia de clásicos como Cartier-Bresson y su “encuadre decisivo” en su serie “Albuquerque, Nuevo México”; o la de Eugène Atget en la serie “The American Monument”.

Su obra recoge también fotografías de mujeres desnudas, aunque, para el comisario, “Friedlander no hace fotografías de desnudos, sino que estos se convierten en fotografías, sus cuerpos podrían ser cualquier otro objeto y lo mismo ocurre en sus autorretratos, en los que no hay ningún afán de narcisismo o introspección psicológica”.

Los retratos de familia tienen un acercamiento algo distinto, en las que refleja cariño y respeto, sin caer en el sentimentalismo: “Maria (Las Vegas, Nevada, 1970) es una de las imágenes más conocidas de su esposa, con la que convive desde hace más de sesenta años, sobre la cual aparece a menudo la sombra del fotógrafo.

“Los fotógrafos siempre luchan por evitar su propia sombra y yo siempre he creído que es una criatura graciosa, de modo que la dejé entrar por un tiempo (…). Al principio mi propia presencia en las fotos era, a un tiempo, fascinante y perturbadora”, ha confesado el propio Friedlander.

Desde el año 2000, cuando Friedlander cambió al formato cuadrado de su nueva cámara Hasselblad, aumenta la cercanía del fotógrafo con los motivos que representa, como en las imágenes de su libro “America by Car” (2010), un trabajo por el que recorrió durante dos años 50 estados del país en coches alquilados, en el que el fotógrafo utiliza el interior del coche como marco fotográfico para encuadrar sus paisajes.

De este modo, las fotos incluyen sombras, volantes, salpicaderos o retrovisores entre los que se cuelan puentes, monumentos, iglesias, moteles o bares. EFE