Volver a casa: el recuerdo ahora tiene cara de osito

Para una persona que no pudo despedirse de sus seres queridos, siempre será un anhelo el volver a abrazarlos. Eso lo sabe bien Doña Irma de la Parra, quien transforma prendas de vestir en ositos que acompañan y alivian el alma de quienes llegan a su taller ubicado en Azcapotzalco.

Como muchas personas, Irma perdió su empleo durante la pandemia por COVID-19 y ante la incertidumbre de salir adelante comenzó a pensar cómo subsistir; fue un caso cercano el que la llevó a la confección de estos ositos que por instantes, hacen sentir la presencia de quien ya se ha ido.

“Un día bajé y les dije, voy a hacer osos con ropa de gente que murió. Mis hijas me dijeron: -estás loca mamá-, porque no entendían la idea, yo lo que quería era darles un recuerdo a sus familiares. Y pues lo hice, súbelo a facebook, le dije a mi hija, también agregamos un texto para explicar que esto no era solo un negocio y así comenzamos”, comentó en entrevista para Ovaciones.

Por el taller de costura de Irma, han pasado infinidad de prendas de todo tipo, hubo jersey de fútbol, chamarras, suéteres y vestidos, lo importante al hacer la confección es que no se pierda el origen de la prenda y que siga viéndose como si el osito fuera parte de la prenda.

Pero no solo llegan prendas de gente fallecida por COVID-19, recordar a un ser querido no distingue tiempo, enfermedad o distancia.

“Ahorita estoy trabajando una chamarrita, era de una pequeñita que falleció, pero no por Covid, me la trajeron y preguntaron si era posible trabajar en ella y sí, solo es necesario pensar el diseño, a la mamá le emocionó mucho saber que tendría un recuerdo”.

Trabajar con estas prendas requiere dedicación y mucho respeto, Irma cree firmemente que cada una encierra cierta energía de quien fue su dueño, pues incluso después de lavada conserva su aroma.

“Aquí todo se hace con mucho respeto, pero me han llegado a pasar cosas curiosas; como cuando me trajeron unas prendas tipo hawaiano, unas camisas muy alegres y floreadas. Después de que terminé de marcar iba a comenzar a cortar y no encontraba las tijeras que acababa de poner en la mesa; entonces ahí hablé con la persona: -mira, tú familiar quiere recordarte, déjame terminar mi trabajo-, luego de decir eso, aparecieron las tijeras”, relató.

Este trabajo también es un impulso para ella, le alegra saber que siempre que entrega un nuevo osito, es como si la persona ausente volviera a casa una vez más.

Deja una respuesta