¿Y los adictos?

Catalina Noriega

En consonancia con este gobierno, bien, gracias. Les sale sobrando. Para el tlatoani no existe otra preocupación que las elecciones y sus adversarios, a los que pone de vuelta y media en cada mañanera. El resto de la problemática nacional crece, a los ojos de todos, sin que alguien desde algún despacho oficial, se encargue de intentar resolverla.
Según nota del periódico Crónica, el consumo de fentanilo y cristal en México creció un 500 por ciento en nueve años, del 2013 a la fecha. El dato es escandaloso, máxime si tomamos en cuenta que, el archi mentado fentanilo ha matado a cientos de miles de estadounidenses y se calcula que ha hecho lo propio con un millón y medio de latinoamericanos. ¡Se dicen fácil estas tenebrosas cifras, que suponen una auténtica tragedia!
Se trata de drogas de alto calibre, con enormes posibilidades de consecuencias mortales. Estos venenos químicos, de moda en el mundo del narcotráfico, cobran vidas al por mayor, sin que haya -en este país autoridades que tomen cartas en el asunto y se establezca una estrategia para reducir su consumo. Estados Unidos vocifera que ellos pierden a miles de personas diariamente, por la misma causa y culpa al tráfico mexicano de enervantes, de infestar su apetecible mercado.
Por supuesto que haría falta el combate a la delincuencia organizada, para abatir números tan serios, pero esto se ve más que difícil, de acuerdo a las declaraciones cotidianas del tabasqueño, en el sentido de que no se va a modificar a lo que él le llama estrategia de combate a las mafias, “abrazos y no balazos”.
Se les han abierto las puertas a los grandes cárteles, al impedir que las Fuerzas Armadas se les enfrenten. Después de la liberación del hijo del Chapo supieron que podían actuar a sus anchas, sin que la autoridad hiciera algo con la obligación de detener a los delincuentes. Pasean por toda la República y su poderío es notorio en muchas regiones del país, que están bajo su control y mando.
El fentanilo y el cristal son de fácil acceso y se consiguen sin mayor problema, a precios más económicos, que el de otras drogas. También su fabricación es sencilla y puede llevarse a cabo en cualquier casa, por lo que proliferan productores y vendedores.
Se dice que el grueso de los consumidores nacionales se ubica entre jornaleros, choferes de camiones y trabajadores de maquiladoras, quienes cuentan con un fácil acceso a ellas. Sin embargo, se sabe que en los antros que frecuentan los jóvenes se venden como si nada y, el número de adictos a ellas estaría aumentando, sin que se logre contabilizar a estos segmentos poblacionales, en las estadísticas.
Se conocen los nefastos resultados que provocan las adicciones en los consumidores. Desde la destrucción de la familia, la pérdida del empleo, el robo para hacerse del dinero necesario para adquirirlas, las enfermedades físicas y mentales y tantos otros perjuicios, que la lista es interminable.
Salir del infierno de esta esclavitud también es muy complicado y amerita la vigilancia y ayuda de profesionales que orienten a quienes buscan un escape positivo.
Lo menos que se esperarían son campañas publicitarias serias, que alerten a niños y jóvenes del peligro de caer en estas garras. Lo mismo en las escuelas de todos los niveles y condiciones. Pero, para la 4T estos problemas son inexistentes, menos para el emperador de palacio, aunque revienten a sectores importantes de la población.

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