Colaboración remota, ¿el futuro del mundo laboral?

BORIS BERENZON  El trabajo remoto se ha vuelto popular, sobre todo después de la pandemia, en que gran parte de las personas del mundo pudieron probar sus beneficios e incluso conocerlo por primera vez. Lo cierto es que, a pesar de todo, no es un invento nuevo. Se viene impulsando desde hace varios años, sobre

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BORIS BERENZON 

El trabajo remoto se ha vuelto popular, sobre todo después de la pandemia, en que gran parte de las personas del mundo pudieron probar sus beneficios e incluso conocerlo por primera vez. Lo cierto es que, a pesar de todo, no es un invento nuevo. Se viene impulsando desde hace varios años, sobre todo en las empresas transnacionales y particularmente en aquellas dedicadas al desarrollo de software y páginas web que han sabido explotar las diferencias geográficas para aportar valor cultural y diversidad a sus proyectos, pero también para reducir costes y generar nuevos enfoques creativos.

La colaboración es quizá una de las características más importantes que nos definen como seres humanos. Los vestigios prehistóricos indican que fue crucial para desarrollar las características biológicas de nuestra especie. Prácticamente debemos a la colaboración la existencia de las culturas y civilizaciones antiguas y modernas. Nuestra supervivencia dependió en gran parte del desarrollo de técnicas para trabajar en equipo, de herramientas colaborativas que nos unieran en grupos de protección y defensa, pero sobre todo del trabajo mutuo, la especialización, el desempeño de roles específicos y la diversificación de las tareas.

Colaborar nos ha dotado de habilidades sociales, de empatía y perspicacia, pero sobre todo ha fortalecido nuestras formas de comunicarnos y de expresar ideas abstractas y complejas. Gracias a las habilidades sociales impulsadas por la colaboración, podemos plantear problemas, buscar soluciones innovadoras, desafiar lo conocido y promover la implementación de perspectivas diferentes e incluso opuestas. En el mundo actual, la colaboración transdisciplinaria es la epítome del desarrollo intelectual y científico y es el mejor modo de modificar creativamente la realidad y adaptarla en beneficio de las necesidades humanas.

Tradicionalmente, la colaboración ha sido segmentada por los espacios geográficos que cumplen un papel fundamental en la construcción cultural y el desarrollo de la identidad. El sentido de pertenencia asociado al espacio geográfico es histórico y está en la raíz de los conceptos de matria, patria, tierra y hasta hogar. La pertenencia geográfica ha sido la mejor forma de colaborar en la medida en que compartir el mismo espacio físico ha permitido que la humanidad persiga objetivos comunes, forme parte de grupos interesados en proteger bienes y comparta características como la lengua y el sistema de creencias, entre otros.

Pero en la globalidad, la colaboración remota se plantea como una revolución de la sociabilidad, pues nos obliga a repensar las formas de conectar con personas en cualquier parte del mundo, personas que no comparten nuestra cultura e incluso nuestro idioma, que pueden o no estar formadas en las mismas disciplinas que nosotros y, sin embargo, tener una comprensión completamente desafiante de los procesos y los fenómenos y ser capaces plantear problemáticas que ni siquiera se nos habían ocurrido o soluciones que no formaban parte de nuestra experiencia. De la misma manera, nuestra participación también puede representar eso para los demás.

La nueva colaboración remota está transformando la manera en la que trabajamos, y por lo tanto, está transformando el mundo. Estamos aprendiendo a relacionarnos de manera estrecha y constante en equipos altamente especializados y a compartir conocimientos y enfoques innovadores. Al mismo tiempo, vamos creando herramientas para interactuar socialmente, independientemente de las prerrogativas culturales, y a incorporar esta cercanía global en nuestra vida individual y comunitaria. La colaboración remota promueve la participación horizontal a nivel global en grupos cada vez más grandes y más diversos, incentivando el mismo nivel de desarrollo sin importar el lugar geográfico del que se parta. Por supuesto, también plantea ventajas al economizar en desplazamientos y otro tipo de recursos.

Probablemente, la colaboración remota se vuelva la regla en el futuro, independientemente de que el trabajo sea llevado a cabo en casa o en las instalaciones de alguna empresa. Lo que es seguro es que la globalidad impactará las relaciones y creará nuevas formas de interactuar a nivel personal y laboral, lo que, aunque puede ser un reto, también simboliza oportunidades nuevas.

*Las telarañas digitales volverán a inicios de agosto. 

¡Felices vacaciones!