Guerra en Ucrania divide profundamente al pueblo ruso: Murátov

GINEBRA, Suiza (EFE).- Dmitri Murátov es el periodista ruso opositor más respetado y el premio Nobel de la Paz que recibió el año pasado fue un reconocimiento a sus treinta años de combate en favor de la libertad de prensa, que ha quedado aplastada por la propaganda, un arma poderosa e indispensable para el Kremlin en la guerra de Ucrania, explica en una entrevista con Efe.

El “Novaya Gazeta” es el diario independiente que dirige a pesar de las amenazas y represalias no solo contra su persona, sino también contra el resto de periodistas. Seis de ellos han sido asesinados en las últimas dos décadas.

En Ginebra, Murátov ha participado –junto con la periodista opositora filipina Maria Ressa, con quien compartió el Nobel de la Paz 2021– en un evento con motivo del Día Internacional de la Libertad de Prensa, tras el cual conversó con Efe sobre el impacto de la propaganda en la sociedad rusa.

La principal consecuencia -afirma- es la profunda división que ha causado la guerra de Ucrania entre los que creen a ciegas a los medios controlados por el Gobierno ruso y que son prácticamente los únicos que quedan, y aquellos que están contra esa agresión y consiguen informarse por vías alternativas.

Incluso “Novaya Gazeta” ha tenido que suspender sus actividades temporalmente por las directivas oficiales que establecen cómo debe ser la cobertura mediática de la guerra.

Murátov pide que no se crea que todos los ciudadanos rusos apoyan a Vladímir Putin, como se tiende a creer en Occidente, olvidando que miles de personas en Moscú y otras ciudades salieron a protestar contra la agresión a Ucrania al principio de la guerra y fueron duramente reprimidos.

Recuerda que así como no puede decirse que todo el pueblo estadounidense apoyaba a Donald Trump, ni todos los venezolanos están con Nicolás Maduro, ni todos los iraquíes respaldaban a Sadam Hussein o los libios a Muamar el Gadafi, pues así no todos los rusos están bajo el influjo del Kremlin.

“No pienso que debamos hablar de culpa colectiva de un solo pueblo, mejor evitemos los estereotipos. Según las estadísticas, incluso las oficiales, 30 millones de personas (en Rusia) están contra la guerra”, asegura el periodista, quien a pesar del claro riesgo que corre ha rehusado a exiliarse y vive en Moscú.

En Rusia y particularmente en la capital –continúa– hay mucha gente que está contra la guerra, como lo demuestran las 17.000 investigaciones penales contra personas que participaron en las manifestaciones o los 800 procesos judiciales iniciados por la propagación de supuestas informaciones falsas (criticando la guerra) sobre el ejército.

“La sociedad en Rusia está dividida en relación con la guerra y esto nunca ocurrió desde hace cien años, desde tiempos de la revolución. Esto es una inmensa tragedia”, lamenta.

“Para hacer a la gente más receptiva a la propaganda, todos los medios alternativos han sido erradicados, miles de ellos, pequeños y grandes, y se ha dejado a la gente sola cara a cara con la propaganda. Creo que los antropólogos y sociólogos deberían estudiar por qué razón los ordenadores han fracasado frente a la televisión. Nosotros haremos esa investigación”, comenta.

Cientos de opositores y activistas han abandonado Rusia tras la invasión de Ucrania, pero Murátov es uno de los que han decidido quedarse y ni siquiera un ataque que sufrió a principios de abril en un tren en Rusia y que le dejó daños en la vista lo ha disuadido.

Un hombre que claramente sabía en qué número de asiento se encontraba el periodista, se dirigió hasta él y le lanzó a la cara pintura roja con acetona, que le dañó la retina, por lo que no soporta demasiada luz y debe utilizar gafas de sol.

A pesar de su denuncia, ninguna investigación fue abierta contra el atacante, que fue identificado y que, según el equipo de investigación del “Novaya Gazeta”, está vinculado a los servicios especiales rusos.

“Yo he dicho que cuando una persona se enfrenta a la maquinaria del gobierno, va contra el sistema, esta persona debe entender los riesgos. Los verdaderos disidentes nunca tienen un plan B en caso de problemas”, sostiene.

Murátov es conocido por su modestia, la que exhibe a lo largo de la entrevista, comentando: “Yo no puedo dirigirme al mundo, yo solo soy un colega suyo, nada más que eso”.

Lo que sí tiene claro es que cuando en un país “no hay un parlamento ni tribunales independientes, la prensa se convierte en la plataforma para que la gente exprese su opinión. En situaciones como ésta, los medios de comunicación reemplazan a los parlamentos”.

Para Murátov, la obsesión del Putin de acallar a la escasa prensa independiente que quedaba en Rusia tiene que ver con su completa desconfianza al propio pueblo, “al que le dice qué es lo que tiene que ver y escuchar”.

“Hay ciertos medios rusos que tienen una audiencia de medio millón de personas, pero los medios del Estado tienen 60 millones de audiencia cautiva. Entonces, ¿para qué se necesita acallar a esos medios independientes? No es miedo a esos medios, sino una completa desconfianza del pueblo”, sostiene.

Murátov ha anunciado que sacará a subasta la medalla de oro que se le concedió con el Nobel de la Paz y que todo el beneficio irá a los refugiados ucranianos a través de Unicef.