La penetración del narcotráfico

FRANCISCO FONSECA

Hace quince años, más o menos, Felipe Calderón solicitó el apoyo propietarios y directivos de los medios de comunicación para “alcanzar mejores resultados en la lucha por la seguridad pública”.
La reunión de trabajo se efectuó dentro del marco de algo nuevo que se ha llamado Diálogo por la Seguridad hacia una Política de Estado. Me daba la impresión de que el gobierno federal ya no sabía qué inventar para lograr credibilidad en sus acciones.
Se pidió a los representantes de los medios considerar cinco propuestas, a saber: adoptar códigos y protocolos de tema en base a experiencias internacionales; promover contenidos que eviten hacer apología del delito; dar seguimiento a deliberaciones y propuestas del tema seguridad pública a nivel nacional; difundir campañas de prevención de la violencia y las adicciones; y permitir que la ciudadanía participe en el debate y proponga acciones a seguir.
Todo muy bien, pero es solamente más de lo mismo. ¿No se estará repitiendo el esquema de las reuniones nacionales de seguridad? ¿No se solicita a los medios permanentemente por parte de las dependencias centrales del ejecutivo que colaboren y participen decididamente? Pues sí, claro que sí, por lo cual sospecho que este Diálogo no tiene nada de nuevo.
No hay duda que la guerra contra la delincuencia organizada y el narcotráfico es una contienda brutal en la cual siempre sale perdiendo la sociedad.
Leo los comentarios y escritos de Jon Lee Anderson (n.1957) periodista californiano y escritor de varios libros especializados en temas latinoamericanos. Anderson ha sido reportero de conflictos armados en Centroamérica, África y Medio Oriente en los cuales “la gente buscaba cambiar el mundo o por lo menos sus propias vidas”. Hablando de nuestro país dice que “México está en la parte más horrible del capitalismo, mercado llevado a sus dimensiones más brutales. La gente pobre dejó de irse a las montañas con las guerrillas; ahora se va con los cárteles de la droga”.
Hace 40 años el tráfico o comercio de estupefacientes no existía como un fenómeno sobresaliente. La Procuraduría General de la República era la dependencia que registraba y combatía a los productores de mariguana y amapola en regiones muy identificadas y pequeñas, y a los pocos traficantes de las mismas. Las exigencias de los consumidores del país del norte no eran tan altas. Hace tan solo 40 años. Lo cito con certeza porque tuve la suerte de laborar en esa dependencia en esa época.
Vuelvo a citar a Anderson: “hoy en día el dinero fluye en los estratos más bajos de las sociedades, sobre todo a través del crimen. Los jóvenes rebeldes de la década de los cincuentas del siglo pasado decían: vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. Yo agregaría lo que he escuchado y leído varias veces de quienes declaran, muchas veces con orgullo, trabajar para los cárteles: vivo rápido, soy rico y muero joven, y ya disfruté.
Finalizo con Anderson: “hay mucho cinismo en México. El Estado nunca ha emergido. El gobierno, la policía, todos producen desconfianza. Es poco probable que haya confianza en medio de la guerra contra el narco que, desde 2007, ha provocado miles y miles de muertos. No sé si fue bueno o malo que el presidente haya preferido la vía militar; lo que sí sé es que tienen una guerra que debe enfrentarse con todos los métodos. Si hay hospitales con el nombre y el apoyo del Chapo Guzmán, ¿qué puede hacer el gobierno?”

Fundador de Notimex
Premio Nacional de Periodismo
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