Reforma eléctrica se definió en comicios de 2021… ¿resurreción o Judas?

Andrés Manuel López Obrador y Movimiento Regeneración Nacional (Morena) perdieron la mayoría calificada en la Cámara de Diputados en la elección del 6 de junio de 2021.

Por eso está atorada la reforma eléctrica, porque es una reforma constitucional, que requiere las dos terceras partes de los 500 diputados.

Y no las tienen.

Cuando sus leales leyeron los resultados de esos comicios, descalificaron a quienes destacaban como el principal logro de la oposición, pero, sobre todo, de los ciudadanos, haberle quitado esa mayoría, porque se estaban acabando al país con sus reformas.

Decían que no la habían perdido, “porque jamás la tuvieron”.

¡Mentira!

Como muchas de las que han dicho durante casi cuatro años de gobierno.

La tenían, porque la construían con sus rémoras: el Partido Verde que no es verde ni, mucho menos, partido y con el PT, del trepador Gerardo Fernández Noroña, y hasta con alguno que otro priista y panista traicionero o despistado, pero, ¡oh sorpresa¡ ese voto de los aspiracionistas -como les llama Andrés Manuel- clasemedieros y de los millones de decepcionados por las promesas incumplidas y las decisiones absurdas, estrellaron contra una dura realidad a los morenos.

Y he aquí la realidad.

Ayer, en su decimotercer, decimocuarto o el número que sea, informe, y por segundo día consecutivo, López Obrador reconoció abiertamente que pueden perder la votación de la reforma eléctrica, esa que ha vendido como la panacea, como la salvación de México, en la Cámara de Diputados.

Y así será, si el PRI no traiciona como Judas -en plena Semana Santa- al PAN y al PRD, con los que integró el año pasado la exitosa coalición Va por México, que también apaleó a Morena en la Ciudad de México, al arrebatarle nueve de dieciséis alcaldías, y en el Estado de México, de donde le echó a patadas de municipios clave, como Tlalnepantla, Naucalpan y Atizapán.

Cierto que, acá entre nos, como dijera el charro de Huentitán, yo no confío en los priístas.

Morena necesita 56 traidores.

Judas, ahora que se vive la Semana Santa.

E igual, por unas monedas de oro.

Con todo y que Alejandro Moreno Cárdenas, Alito para la banda, los trae movidos y se los llevó a pernoctar -así dicen los exquisitos- a San Lázaro el lunes, cuando Morena y su dizque coordinador Ignacio Mier, azuzado por Sergio Gutiérrez Luna, presidente de la Cámara, movieron la votación programada para el martes, hasta el domingo.

Y ahora tendrán su pijamada -como le han llamado- el sábado. Con bombones y cuentachistes toda la noche.

Acaso porque creen que en el domingo de resurrección, la reforma también lo hará.

Lo dijo Andrés Manuel en una mañanera de junio, después de la paliza citada:

-Si se quisiera tener mayoría calificada, se podría lograr un acuerdo con legisladores del PRI, o de cualquier otro partido, pero no se necesitan muchos votos para la reforma constitucional, dijo al lanzar el anzuelo… que mordieron los priístas, empezando por su líder Alito.

Pero en el Senado, Claudia Ruiz Massieu Salinas, sobrina de Carlos Salinas de Gortari y priista del ala dura -fue secretaria general del tricolor- dijo que no, que no darían su voto a la reforma eléctrica, constitucional y en consecuencia necesitada de la mayoría calificada.

Y la secundó Miguel Angel Osorio Chong, compañero de bancada e igualmente del ala dura.

Porque en el supuesto de que hubiera traición en San Lázaro, en Paseo de la Reforma tampoco hay mayoría calificada, así que no pasaría.

Si PRI, PAN y PRD se mantienen unidos, la reforma está muerta.

 

Vámonos:

El Estado mexicano es responsable de las desapariciones forzadas, acusa la ONU, cuando las cometen funcionarios públicos.

Y también cuando las cometen los malandros (eso lo digo yo).

 

amontoya@ova.com.mx         @albermontmex