Se rompieron los códigos: antes el narco respetaba a los curas

¿Y ahora qué va a decir Andrés Manuel López Obrador? ¿Volverá a sonreír mientras se informa de las muertes, las ejecuciones, los crímenes y la impunidad que reinan en México? Apenas el lunes se conoció que su gobierno superó en apenas 3.5 años al sexenio de su odiado adversario, Felipe Calderón Hinojosa, en

homicidios dolosos, con 121 mil 565, por 120 mil 463, respectivamente. Son cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad (SESNSP). Sí, del gobierno. A ese ritmo, este gobierno concluirá con cerca de 200 mil. El asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín Mora Salazar en su templo, en Urique, Chihuahua, cuando un hom- bre, Pedro Helidoro Palma, era perseguido por un pistolero y se refugió ahí, tendría que ser la gota que derramara el vaso.

Pero no, porque el vaso se derramó desde hace mucho tiempo.

Así como se perdieron los códigos entre los criminales de no meterse con mujeres, niños y con la familia, hace cuando menos quince años, así se perdió el respeto para los curas, para los representantes de Dios.

Porque los capos, los malandros, los asesinos, los sicarios, los pozole- ros, los descuartizadores son, vaya paradoja, muy religiosos.

Portan imágenes que consideran benditas y en sus ranchos, en sus casas, veneran a quien creen su salvador.

¿Por qué matar, entonces, a dos padres, como se les conoce? Más aún, católicos. Y llevarse los cuerpos de las tres víctimas.La Compañía de Jesús es una orden religiosa de la Iglesia Católica,

fundada por San Ignacio de Loyola en 1534.Andrés Manuel informó del caso ayer en la mañanera.Y dijo algo clave:
-Es en la sierra de Chihuahua, una zona de bastante presencia de la

delincuencia organizada.Y, entonces, ¿por qué no se actúa? La gobernadora, con los colores del Partido Acción Nacional (PAN),

Maru Campos, condenó el triple homicidio, como ordena el protocolo, pero calificó de circunstancial la muerte de los dos curas.

La conmoción y el coraje generalizados son más grandes, porque el presunto asesino, José Noriel Portillo El Chueco, es un malandro conoci- do en la región e integrante de Los Salazar, brazo armado en la sierra de Chihuahua de ¡el Cártel de Sinaloa!

Sí, el de Joaquín El Chapo Guzmán, el de los hijos de éste, Joaquín, Iván Archivaldo, José Alfredo y, por supuesto, Ovidio, el que liberó López Obrador en aquel operativo de hace tres años.

El cártel al que el presidente considera estigmatizado, porque en Badiraguato, Sinaloa, región que controla, no vive gente mala, sería el responsable del triple asesinato.

SÍ SON IGUALES

A propósito del Secretariado, ayer fue presentada Clara Luz Flores Ca- rrales como nueva titular.

La ex priista alcaldesa de Escobedo, Nuevo León, y candidata perde- dora al gobierno estatal en 2021 por Movimiento Regeneración Nacional (Morena), mintió en 2021 cuando dijo no conocer al fundador y líder de la sexta sexual NXIVM. ¿Lo recuerda?

Keith Rainere y Clara Flores aparecen en un video en un conver- sación en la que no se le observa incómoda, sino todo lo contrario.

El sujeto fue condenado a 120 años de prisión por abuso sexual de al menos quince mujeres, tráfico de personas y extorsión.

Ella será la responsable de las cifras del crimen. Vámonos: El ChAIFA es chaifa.

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