Smoko y empanadas chilenas, el espíritu osado de los malvinenses

Judith Mora

Londres, 30 jun (EFE).- “Nuestros rollos de salchicha son muy diferentes de los ingleses: los hacemos con carne picada de cordero, cebolla y hierbas, en una masa bien consistente”, dice a Efe Leona Roberts, una de los ocho miembros de la Asamblea Legislativa de las Islas Malvinas, que estos días visita el Reino Unido.

Nacida en Punta Arenas (Chile) de padre chileno y madre malvinense, Roberts se ha criado en el archipiélago del Atlántico Sur -un territorio británico de ultramar cuya soberanía reclama Argentina-, en el que sus antepasados británicos se establecieron hace siete generaciones.

En una conversación con Efe antes de regresar a su hogar tras una intervención en la sede de la ONU, defiende la identidad propia de los malvinenses -conocidos en inglés como Falklanders o Kelpers-, que, aunque orgullosos de su vínculo con el Reino Unido, hacen las cosas a su manera.

Esto se refleja, apunta, en su interpretación libre de clásicos gastronómicos británicos como los rollos de salchicha en hojaldre, el “fish and chips” (pescado con patatas fritas) o el té con pastas, conocido en las islas como Smoko y que dista de ser la refinada ceremonia inglesa.

INMIGRACIÓN Y FUSIÓN

“El nombre viene de que es un tentempié que tomamos a eso de las diez de la mañana, en lo que antes era la pausa para fumar (en inglés, “smoke”). Una taza de té y un buen trozo de pastel”, explica.

Según sus datos, las Malvinas tienen actualmente unos 3.200 habitantes de unas 60 nacionalidades, de los cuales unos 800 se adscriben a la base militar de la Real Fuerza Aérea (RAF) británica en Mount Pleasant.

Hay malvinenses, británicos, de Santa Helena, chilenos y, en menor medida, uruguayos, peruanos, brasileños, argentinos, filipinos y algún zimbabuense, muchos llegados como mano de obra y que se han afincado allí.

De acuerdo con Roberts, todo el mundo es bienvenido, “incluidos los argentinos”, y pueden optar al pasaporte británico tras cinco años de residencia, aunque para poder establecerse al principio se necesita una oferta de trabajo y residencia.

La llegada de personas de múltiples orígenes en los 40 años desde el fin de la guerra entre el Reino Unido y Argentina -que acabó con la rendición de Buenos Aires el 14 de junio de 1982- ha llevado a una fusión cultural y alimentaria y, según ella, a una sociedad abierta y cohesionada.

La tradicional dieta de los malvinenses a base de cordero y patatas, con poco pescado y su propia ginebra se ha diversificado con la proliferación de empanadas y vino chileno, platos asiáticos y algo muy exótico que recientemente se sorprendió de encontrar en el supermercado: alitas de pollo.

“Las Malvinas es un lugar curioso. No es para todo el mundo, ya que es un estilo de vida bastante diferente. Pero si descubres que lo amas, tiendes a amarlo de verdad. La gente que viene y construye su hogar aquí, acostumbra a quedarse”, dice la legisladora.

CALAMAR PARA ESPAÑA

Según Roberts, las islas no reciben subvenciones de Londres y son económicamente autosuficientes, con la pesca como principal aportación, en un 53 %, al producto interior bruto (PIB), seguida del turismo y la agricultura.

La antigua directora del museo nacional en Stanley reconoce que el Brexit o salida británica de la Unión Europea ha afectado a las exportaciones de carne y sobre todo de calamar al Estado español, lo que tratan de resolver.

“También es un gran problema para España, porque el puerto de Vigo hace mucho negocio con las Malvinas, incluso nuestros barcos de pesca se construyen allí. Por lo tanto, esa relación también es muy importante para ellos. Estamos en conversaciones con todos los que podemos”, declara.

Aunque la inmigración crece en torno a un 2 % cada año, Roberts no cree que un cambio demográfico pueda llevar en última instancia a que la población de las Malvinas quiera desvincularse del Reino Unido, pues esa conexión, dice, es una parte arraigada de la identidad.

En un referéndum en 2013, un 99,8 % de los residentes votaron por seguir bajo la soberanía británica, impuesta en 1833. Esto implica que, además de tener la ciudadanía de ese país, Londres se ocupa de su defensa y relaciones exteriores.

Para esta isleña, el derecho a la autodeterminación “es enormemente importante” y, en este sentido, entiende el debate en Escocia sobre su independencia del Reino Unido.

“Estas cosas son muy difíciles. La gente de Escocia tuvo un referéndum y creo que se habla de hacer otro. Eso en última instancia les indicará hacia adónde han de ir”, afirma. EFE